lunes, 13 de marzo de 2017

Danza macabra del Gheto de los Pibes



¡Lobo!...

¡Lobo!...

¡Lobo!...

¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...



Si lo que buscás son opiniones formadas acerca de qué fue lo que pasó, no las vas a encontrar acá en forma de opiniones porque voy a tratar de ser lo más objetivo y desnudo relatando los hechos de una jornada que estuvo absolutamente desangelada.

Empieza así.

A las seis de la mañana del sábado con mi mujer nos juntamos con los amigos con los que iríamos en una minivan con capacidad para ocho personas.
Fuimos siete, cuatro mujeres y tres varones.

Arrancamos, clásico, escuchando al Indio y los Redondos en el auto y la ruta al principio se veía lo más abierta y "normal" posible.
Entre que hablábamos, yo me quedaba dormido (había dormido menos de tres horas porque el día anterior habíamos tenido una charla abierta sobre Memoria, Verdad y Justicia en nuestra básica), hacíamos chistes, me armaba mis cigarrillos de tabaco armado y pensábamos lo que sería la jornada hermosa del día, avanzábamos.

La primera parada fue en "algún lugar", no tengo la menor idea de dónde, para poder ir al baño, fumar unos puchos tranquilos y tomar un poco de jugo y comer unas galletitas.
Había autos y camionetas y combis, sí, pero nada fuera de serie.

Seguíamos y la ruta ya estaba algo enquilombada pero nada fuera de serie, podía ser un fin de semana poblado.

Paramos de nuevo en Tapalque, estimo, otra vez, misma rutina, puchos, tomar algo, hacer pis.

Creo que paramos una vez más, por lo menos, compramos unas papas fritas, y seguíamos. Ya había cantitos, autos con trapos, gente de buen humor y feliz.
Sinceramente, muy familiar, con alguna dósis de alguien que me asombraba que siendo las 11 de la mañana, tome por ejemplo, fernet de la clásica botella cortada en un auto más allá, y en la combi de por allá.

Al llegar a Azul, casi seguro era Azul, la situación estaba absolutamente tomada por el concierto.
Filas y filas de combis, autos con trapos, arengas entre autos porque todos estábamos en la misma.

Algunas personas haciendo dedo cabizbajas, motos, y en la ruta algunos que se mandaban más rápido para llegar al mismo lugar que íbamos a llegar.
Algunas ilegalidades como autos por la banquina a toda mostaza, etc.
¿Era medio anarquico el clima?
Sin dudas.
Nos habían pedido enfáticamente que nos cuidemos entre nosotros.


Entre amuletos y talismanes su destino desafió 

si su nariz crecía de tamaño, prometía más. 

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Ya en Olavarría, bajamos del auto dejándolo al costado de la ruta. Ni trapitos, ni seguridad, ni nada. El auto ahí, junto a otras decenas de autos, combis y micros que también se iban dando cuenta que o lo dejábamos ahí ahora o era dejarlo más lejos.
Creíamos que estábamos a unas veinte cuadras del predio donde tocaba el Indio, así que no había drama: es sabido para los que fuimos a otros conciertos del Indio que se camina fuerte.
Mis compañeras y compañeros de la agrupación habían armado una combi y estaban en la zona, pero jamás nos encontramos. Nos tirábamos mensajes, fotos, nos hacíamos chistes crueles entre nosotras y nosotros porque somos así, nos queremos y por eso nos bardeamos y nos bajamos el precio entre nosotros.

¿Les dije que llovía? No. Bueno. Llovía. El pánico en ese momento era por pasarla mal como la pasaron muchos y muchas en Gualeguaychú con el barro y el agua y toda esa historia.
Pillo, creía yo, me había llevado un piloto que tengo desde las viejas lluvias e inundaciones en los barrios, y que también me bancó a medias en la eterna Marcha de la Resistencia donde habló Máximo en Plaza de Mayo. Todo arrugado el piloto, cuando bajamos del auto y me lo puso consideré que estaba siendo una persona muy lógica y previsora y me felicité en voz alta, pavoneando la virtud de "verla de lejos".

Serían las tres de la tarde cuando empezamos a caminar por la ruta, tomábamos alguna lata de cerveza y comíamos algo.
Otra vez al baño, ahí en la ruta frente al lugar donde dejamos el auto.
La estación de servicio tenía una cola que se convirtió en cuarenta de minutos para hacer pis.
Esperamos, hablamos con las personas con las que fuimos de la situación, veíamos a la gente sacar sus parrillas, todos estábamos por demás felices.
Yo, bueno... yo estaba atento.
¿Por qué?
Por eso de "verla de lejos".
Empezamos a caminar siguiendo a la gente.
Todo estaba abierto, grupos de personas grandes por la calle, un pueblo que se reunía en las esquinas a sacarnos fotos, vecinos que miraban asombrados, niños y niñas olavarrienses mirándonos.

Hacíamos comentarios sobre eso y empezamos con uno de los compañeros con los que habíamos ido en el auto a medir a la gente: ese no llega, ese no lo logra, ese ya la quedó.
Gente que se tambaleaba. Para que te des una idea, si fuiste a un boliche: la proporción de "gente fisura" era absolutamente proporcional a lo que se ve a la salida de un baile.
Una persona cada quinientas habría fisuradas, a diferencia de un boliche donde hay una persona fresca y quinientas fisuradas.
El clima seguía siendo familiar más el plus del rock y el reviente contenido de gente eufórica.

En ese momento empecé a sentirme molesto por la exagerada familiaridad: el Indio nos había pedido que nos cuidemos entre nosotros y cuidemos al que teníamos al lado.
También había pedido que no vayamos con chicos: estaba lleno de niños muy pequeños, de tres o cinco años, de algunos años más y muchísimos bebés y carritos. Eso me molestó antes del recital, siempre me molestó, más acá de que lo haya dicho Indio. No se llevan bebés a conciertos de noche. Los bebés de noche tienen que estar en su casa, cagados hasta las orejas, llorando, comiendo, tomando la teta. No en un recital de rock con esos volúmenes, con ese aire viciado, con la proximidad del quilombo, sea cual sea el concierto.

Esa es mi opinión y dije que no vertiría opiniones. Se me hace imposible, perdón.


Su princesita, ¡ay!, se transformó en sapito

y sus minutos de gloria no aparecen.

Así, el fiestero Rey Garufa viaja solo

y vaga con su corazón entre las manos. ¡eh-eh-eh!

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Seguíamos caminando y veíamos que ya habíamos pasado largo las "veinte cuadras" que creíamos que íbamos a patear.
Nos sentamos al lado de un puesto de banderas marginales que vendía, suponíamos, un vecino.
Le preguntamos cuánto faltaba para el predio y nos miró medio riéndose.
Nos dijo que kilómetros.
No le creímos, nos guió y seguimos caminando.
Le preguntamos a otro ñato un par de cuadras más allá: nos dijo que faltaban diez cuadras.
Bien, el primero nos había mentido.
Seguimos caminando.

Diez cuadras después nos dimos cuenta que definitivamente el que vendía las banderas tenía razón.
Llegamos a una zona, ya no llovía hacía horas y el piloto lo tenía al recontra pedo, en el que la gente se empezaba a amontonar para avanzar caminando por la calle y empezaban los puestos de los vecinos. Todo si bien, no improvisado, MUY precario.
Toldos hechos de carpas, cajones, maderas como tablones, carteles escritos a mano.
Los precios variaban de un puesto a otro.
Alcanzamos cierto boulevard donde ya la gente era una marea enorme, música de un puesto a otro a todo volúmen y empezaba la verdadera tensión: tensión para mí.
¿Por qué?
Yo soy claustrofóbico.
No claustrofóbico más o menos.
No es que digo yo que soy claustrofóbico.
Soy claustrofóbico jodido, enfermo.
No puedo subir a ciertos colectivos, no ando en subte.
No cierro la puerta del baño.
Por supuesto ni pienso en ascensores o aviones.
Escribo esto y me corre un frío por los brazos.
Me estoy tratando desde hace un poco menos de un año con una técnica que se llama EMDR que es de reprocesamiento de memorias que pueden haber disparado en su momento esta horrible patología.
Mi psicóloga me dice que voy a estar bien. Vamos a ver.

¿Por qué antes les decía eso de "verla de lejos"?
Porque justamente, vivo en estado de perpetua alerta: cada vez que entro en un lugar me fijo por dónde podría salir llegado el caso, qué vidrio se podría romper, cuál sería mi vía de escape.
Vivo así. Cada día, cada hora.
Entonces mi verla de lejos era empezar a sentir que acá había mucha gente.
Repito: fui a muchísimas "misas". Me aguanto un quilombito de gente, aunque desde que ganó Macri el ahogo es MUCHO MÁS GRANDE Y SE ACTIVA MUY FÁCIL.

Me compro un fernet.
Me saluda un compañero a mi y a mi mujer, alguien con quien no nos habíamos visto nunca en la vida pero nos teníamos en Facebook.
Qué bien.
Camino dos metros, me compro esta remera.


Le digo a mi mujer que es, creo "la mejor remera del mundo".
Detrás tiene la fecha.
La guardamos en la mochila y hey, ¿Dónde está la gente con la que vinimos?
No la vemos por ningún lado.
Miramos a la derecha, a la izquierda.
No están.
Caminamos una cuadra rápido, esquivando gente, puestos.
Nada.
La gente no se repetía, era pedir permiso para ir aquí o ir allá.
Miramos la hora, eran las 19 horas.
¿Les dije que habíamos llegado a las 16 y a esa hora habíamos empezado, muy tranquilos, a caminar?
Bueno,
Eso.


Cuando el granizo golpeó

la campana sonó

despertó sus tristezas, atronando su nidos.
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Ya con la noche a pleno, caminábamos aún más en una marea enorme: yo miraba a los vecinos en las casas, todos o casi todos habían puesto venta de algo y descansaba mi problema en eso.
"Si pasa algo, les pido que por favor me dejen entrar", pensé en voz alta, y es lo que le dije a mi mujer.
Ella me tocaba el brazo y me decía que me quede tranquilo.
No iba a pasar nada.
Yo le pedía que fuéramos siempre por la derecha.

No sé bien por qué.
Pero siempre por la derecha, casi caminando sobre el cordón, siempre ahí.
Ah, sé por qué.
Quedaba a tiro de los puestos.
Pero había puestos de la izquierda también.
No importa.
Vamos siempre por la derecha, ahí descansa mi bocho.
Ahí están los vecinos.
Cualquier cosa les digo a ellos, sé que mi problema es mío, y que no todo el mundo se va a poner alerta.
Y como eran cuadras convencionales de un pueblo bastante lindo y prolijo, en cada esquina yo veía que "cualquier cosa" me metía en una de esas calles.

Sí: yo estaba pensando como si fuéramos 100, 200, 1000 o 10.000.

Me acordaba la última vez que me había agarrado un matete en algo público: no fue en la despedida de CFK sino en un día de la democracia. Teníamos nuestro puesto al costado de la catedral en Plaza de Mayo, había fallado la organización y no había salida. 
Empecé a sentirme agitado en nuestro gazebo donde vendíamos remeras.
Y vino una mujer con un nene de cinco años que tenía claustrofobia.
El nene en shock.
Me puse el traje mental de Batman, agarré al nene a upa y le dije que todo iba a estar bien.
Por adentro me moría.
Al rato la gente desconcentró, no sé cuánto rato y el nene se fue con su mamá.

Seguíamos entonces con mi compañera por las calles de Olavarría y la presión era cada vez más marcada. En las esquinas era un poco desesperante para uno, pero llegaba hasta "la derecha" y todo volvía a su nivel convencional de tensión en un concierto así.


Reparte todo lo que le queda

del "corazón que le-le rompieron".

Hiela su sangre, tartamudea

y traga todos los venenos que lo friegan.



Son babas del diablo
que un mierda quiere mistificar.
Las babas que calman el dolor que atrae la vida.
Son babas del diablo
que enredan a su generación.
Son las que distinguen 
al pez chico del pez grande.


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Entonces llegamos a un lugar donde la gente ya no se movía.
No estaba bueno.
Pero íbamos a seguir: en cualquier otra circunstancia uno se vuelve a su casa.
Si ve un par de borrachos por ahí no se queda ahí.
Si ve mucha gente por ahí uno se va.
Si la gente de pronto se queda quieta por ahí se da vuelta y se va a la casa.
Pero ahí iba a tocar el Indio en un par de horas.
Era una mezcla de devoción, de altura. De hecho social pero más que nada político: nada iba a salir mal. Nada. No nos estábamos odiando entre nosotros y la ausencia total, plena y absoluta de policía, era algo que nos regocijaba: entiendo que muchos y muchas de nosotros y nosotras ahora estemos molestos por eso, pero la policía no entraba en la ecuación. La policía no es amiga nuestra en estos contextos. La policía no tenía que estar. No queremos a la policía ahí por más que después le roguemos que nos defienda. Esto era un pacto social enorme entre todos los que vamos a escuchar a Indio. incluso con el propio Artista. Todo iba a estar bien.
Pero la gente no se movía y yo me ponía inquieto y de pronto vemos que se movía, muy lento pero se movía y lo que hacía era trepar a una loma, como una montañita y luego desaparecían.
Allá vamos. Era una vía de tren, por el único lugar que se podía cruzar.
Ahí vimos el primer cartel en las decenas de kilómetros que habíamos caminado, durante larguísimas horas (ya eran más de las 20); un cartel colgado de un palo de luz que te guiaba para decirte que adelante estaba el predio. Colgado con alambre, impreso en imprenta.
Epa.
Subimos la loma, bajamos la loma y luego de esa loma todo estaba un poco más abierto, más gente caminando por otro lado y entrando por otras calles.
Ahí vemos pequeños grupos (vimos tres grupos, en verdad), de cuatro o cinco muchachos con pecheras amarillas: esos eran parte de la seguridad del show.
Los mirabas y te decían, sin que les preguntes, por dónde entrar.
Les preguntamos "pero tengo puerta cinco" y nos dijeron, "entran todos por la misma".
Escucho a una mujer que le contesta a un pibe que si tiene entrada no se preocupe porque no pedían entrada. Me alarmo fiero.
Seguimos.
Mirá el video así entendés de qué cantidades te estoy hablando y esto fue así durante horas y horas y horas y horas y horas.



Todos confluyendo en un lugar absolutamente oscuro, con árboles.
Nos damos la mano con mi compañera y entramos ahí.
Era una suerte de aventurilla.
Esquivamos en la oscuridad, restos de fuego, brasas.
"Es como un juego de play en el que tenemos que esquivar el fueguito" le digo, sinceramente feliz.
No nos quemamos.
Llegamos a un lugar donde se abría un poco más la cosa y vemos que la puerta 5 y 6 quedaba a la derecha, empezando por la 1 que estaba a la izquierda.
Sí: estaba al revés.
Pero ya en el mapa estaba al revés.
Uno lee de derecha a izquierda una progresión de números.
Mirá:



Eludimos todos los fuegos y vemos una fila de señores con pechera naranja.
No hacían absolutamente nada.
Pasamos al lado de ellos y llegamos a lo que era "la entrada": más o menos una cuadra de ancho, puestitos como los de los molinetes en la cancha, y los tipos te pedían que tengas la entrada en la mano.
Ni se cortaba ni te la pedían ni la leían.
Entramos.

Me toca celebrar eso y le digo a mi compañera que "Qué bien, el Indio está confiando en la gente".
"Esto es un hecho político sin precedentes", le comento.

Estábamos, sí, FELICES.

Luego otra fila de hombres y mujeres de naranja más bien en el medio.
Podíamos ir más para la izquierda o más para la derecha y eludirlos.
Un veterano nos pide revisar la mochila.
La palpa un poco, la abrimos, la mira, nos sonríe muy amablemente y nos dice "Todo bien" y seguimos celebrando la falta de "estado ortiva" o milico.
Yo me había llevado mi tabaco en una bolsita junto al armador de cigarrillos, los papeles para eso y los filtros.
Un compañero me había dicho que me lo podían sacar flasheando que era porro.
Por las dudas entonces, me había comprado unos Philip Morris, cosa aberrante que no fumo hace más de un año y que me parece, hoy, desagradable.
No iba a hacer falta fumar eso, pues.
Vemos el tamaño del lugar y las columnas de sonido.
Estábamos alucinados.
Nuestras caras eran estas:


No nos había tirado para atrás la cantidad de gente.
No nos había tirado para atrás el quilombo de autos.
No nos había tirado para atrás el aviso del Indio de las "fuerzas oscuras".
No nos había tirado para atrás que no haya canas (lo consideramos mejor).
No nos había tirado para atrás la enorme cantidad de bebés.
No nos había tirado para atrás escuchar al intendente del lugar hablar de que vivían 100.000 personas en Olavarría y que irían 150.000 y sabíamos que irían por lo menos 250.000 y que entonces podía colapsar la ciudad, al menos en sus servicios básicos (agua, luz, salud, seguridad).
No nos había tirado para atrás nada.
¿Nos había alertado todo eso?
Seguro.
Pero no nos fuimos, no pensamos en mejor irnos y no pensamos en que era una bomba de tiempo ese lugar. Y si lo pensamos no importa: que toque el Indio.


preso como un animal

(como un animal feroz) 

Así las cosas, la fiera más fiera, ¿dónde está?

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Entonces ya empezaba, pasaditas las diez de la noche, creo, se apagan las luces y empieza a sonar el tema de Star Trek.
Nos miramos con Salomé: estábamos a unos metros de la última columna, estábamos lejos, pero ahí, no se escuchaba nada y no era negociable meternos en el quilombo.

Escuchamos, como si estuviéramos a cuadras del parlante (y eso pasaba), "Damas y Caballeros, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado".
Y empieza la canción.
¿Qué canción?
Ni idea.
La gente corría para adelante y cuando la gente empieza a cantar me doy cuenta que era Barba Azul.
Claro: era el tema que había tenido que cortar o había decidido cortar en el concierto anterior porque le habían tirado cosas.
Hora de la revancha.
Bien.
Igual empezamos a ponernos de malas: no íbamos a ir adelante, y la íbamos a pasar como el culo.
El sonido deficiente en los recitales del Indio es una constante eterna que pensamos, por una vez y con más columnas, que iba a mejorar.
No sucedió.
Todo entonces se convirtió en "vivamos el folklore porque artísticamente acá no va a pasar nada".
Cantamos más que nada con la gente porque no se sentía en el pecho tres carajos (y soy un asiduo concurridor a recitales) y estábamos más bien tranquilos.
Pegado a eso mete Porco Rex.
Ese tema también es una revancha, en la que el Indio canta lo que pasó con los Redondos y caga a palos a Skay. Bah eso creo yo.

El sonido se acomoda un poquito, cambiamos de lugar.
Tres fisuras a los gritos decían "aguante Black Sabbath". Inexplicable.
Más bebés, uno con un saquito de llama. Qué bronca.



¿Puede alguien decirme? 
-¡Me voy a comer tu dolor!- 

y repetirme 

–Te voy a salvar esta noche-


Cambiamos de lugar en medio de "Arca Monster". Apreciación personal, hay algunos temas que le gustan más al Indio que a la mayoría. Arca no es de lo más brutal de toda su carrera solista, entonces tomamos el tema como un descanso.
Pegado viene "Chau Mohicano". Otro tema que no es de lo más maravilloso pero a su vez me remitía a la excelencia del documental "Tsunami", que fue una de las cosas que me hizo volver a esta misa: no iba desde Junín y yo quería celebrar con el Indio.

Y entonces vino Ropa Sucia.
Toda la podredumbre de la exquisita oscuridad de los Redondos latían en esa canción.
Ahí es donde siento que sí, estaba en el concierto.
Lo grito.
Le grito al cielo.
Se me hace un nudo en la garganta.
Para el recital.

El Indio dice "hay gente tirada y la están pisando".
Entonces con mi compañera ya sabíamos que estaba todo absolutamente podrido.
Mucha gente y pisando gente.
Fin.
Chau.
Deberíamos irnos.
Pero no nos vamos.

Vamos un poco más atrás.
La gente chifla.
Empieza a irse algo de gente, no mucha.
"Deben ser vecinos", pensé.
Arranca "Héroe del Whisky" y pensamos que era una locura meter semejante tema al palo si había quilombo.
Para de nuevo, habla de nuevo, le digo a mi compañera que se iba a pudrir todo.

Vuelve con "Etiqueta Negra" y cómo decirlo... sonaba SOMBRÍA. La voz del Indio con una oscuridad espeluznante. La banda apagada. La gente desangelada.

Otra pausa.
Las luces que se prendían, se apagaban.
"Este suspende y la ciudad la destruyen", le digo a mi compañera.
"No puede volver a tocar, no hay lugar, no estamos listos, somos un pueblo de mierda", decíamos.

Vuelve al ratito con "Babas del Diablo". Ya no le presto atención al concierto.
Nos vamos aún más atrás.
Toca "A los pájaros", y sigue saliendo gente y más gente.

Mete "Había una vez", y me siento de nuevo en el concierto y levantamos los puños haciendo la revolución con una canción de amor.
Van más temas, entra "Buscapina", y llega "Esa Estrella era Mi Lujo".
No canta la estrofa final y creo que ahí, dice eso de que no tiene más ganas de tocar.

Más pausa, pausa larga.
Sale un tipo a decir que paren un poco de empujar, titubea, suena desesperado, parece que hubiera empezado a decir algo que no termina de decir pero parecía que la cosa anterior era grave.
Ahí estábamos seguros que no seguía.
Hacía frío, la gente seguía saliendo, veo a un hombre con un perro con su correa paseando por el recital.

Otra persona en otro lugar dice "Toca Black Sabbath".

Toca "Todo Preso es Político" y me olvido de todos los problemas, agarro a mi compañera y quiero correr para adelante como un loco perdido, ella me frena y tiene razón.
La canto, la bailo, espero que nombre a Milagro Sala, no lo hace.
Creo que ahí hace la alocución de las Abuelas y de la imputabilidad.

Llega "Flight 956" y me parece que a ese le pegaría "Juguetes Perdidos" más "Jijiji" y "la sorpresa final" que una gente me había dicho que pasaría y era eso de no terminar con "Jijiji".

Pero no.
Mete "Todos a los botes", un par de temas más que ya no recuerdo, "To Beef", y el Charro Chino.
El recital había vuelto a su caos normal, el esperable, el Indio seguía cantando.

Toca "Nuestro Amo Juega al Esclavo" y entonces sí, me parece una locura que toque semejante pólvora en semejante ambiente pero eso no quita que la baile como un mono famélico y aguante el rocanrol.

Antes de meter "Jijiji" tira unas frases de manual, frías, y arranca la canción.
Ya estábamos nosotros bastante atrás, podíamos ver la puerta y ver cómo se iba la gente: un cuarto, por lo menos, de la totalidad que había entrado ya se había ido.
Había gente arriba de los baños por todos lados.
Otro montón de gente sobre un terraplén fuera del predio que estaba todo cerrado con maderas precarias.
Nos molestamos con nuestra compañera porque cómo te vas a ir en "Jijiji", no respetan al artista, a la gente le importa decir que vino y nada más, es el momento más alto del concierto, etc.
La pega con "Mi Perro Dinamita", termina el recital, no habla más nadie, el Indio no saluda, no anuncia ni que no vuelve a tocar ni que vuelve a tocar, no ponen la canción instrumental, se prenden las luces y empezamos a salir.
Apuramos el paso, cruzamos la "entrada" y llegamos a una calle.

¡Porque éste es su rock'n roll!

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Le digo a mi compañera, mi mujer, que no estábamos en el mismo lugar por donde habíamos salido.
Creemos que es en la otra cuadra.
Avanzamos.
Llegamos a una cuadra y vemos una casa en una esquina con rejas, vacía y cerrada, y otra casa al lado con gente detrás de la reja, una familia de tres chicas y una señora y un muchacho con remera del Indio, mirando todo.
Pasamos por ahí, llegamos a la esquina y uno, que la "ve de lejos", se alerta al mango. Veo que la gente a veinte metros se empieza a detener.
Agarro fuerte a mi compañera y le digo que volvamos.
Empiezo a caminar para el otro lado, me cruzo en el quilombo con un compañero de laburo, sigo caminando y miro para adelante que pasa lo mismo: la muchedumbre se detiene.
Estamos en la puerta de la casa donde está esta familia detrás de la reja.
Me subo a la reja mientras la gente empieza a apretar.
Mi compañera se da cuenta que estoy empezando a tener un ataque.
En escasos segundos (cinco, diez segundos) la presión es enorme. Le digo a la gente de la casa que tengo este problema.
Me ofrecen pasar del otro lado de la reja.
Le digo que no, salvo que me sienta realmente mal.
Miro para un lado, no llego a ver dónde termina la gente.
Miro al otro, tampoco.
Empieza a apretar la gente y me parece que vamos a tirar la reja donde estamos.
Mi compañera me pide que pase del otro lado.
Le digo que todavía no.
Un hombre al lado mío estira la mano y dice "Tengo un ataque de pánico". Lo agarro de la mano, era un hombre grande.
Me agarra, me suelta, se baja. Lo pierdo.
Siento que se viene el ataque y me empiezan a temblar las manos.
Ayudo a las vecinas a cortar una bandera que tenían en el frente y que al estar atado a la reja y todos colgarse podía generar un quilombo. La sacamos.
Paso del otro lado de la reja.
En la casa del al lado la gente empieza a entrar saltando.
La dueña de la casa donde estoy yo empieza a gritarle a la gente que no hagan eso, que ahí vive una abuela.
La gente empieza a trepar el techo de tejas de esa casa.
Mi compañera me da medio ansiolítico, cosa que hago por segunda vez en mi vida y espero que última.
Una de las chicas de la casa me da agua.
Me lo tomo.
Me prendo un pucho común, un Philip,  hace un año y algo que no fumo, me tiembla una mano.
Cae de la reja del costado una mujer con un nene. Me acerco, la quiero ayudar a levantarse.
El nene con cara de terror. La mujer llorando me dice "Soy la peor madre", le digo que no, que se quede tranquila, abrazo al nene, le digo que todo va a estar bien.
Pasa mi mujer por la reja.
Cae gente desde el techo de la otra casa, una chica se estrella de culo contra el piso y se desmaya.
Va mi compañera y con otra chica se la llevan para el patio de la casa y la reaniman.
Mi mujer la abraza, la saca del pánico.
Me doy vuelta y empieza a entrar gente a chorros por la reja.
Me subo arriba de una mesa para ver el panorama y veo que un grupo de personas que entraba a la casa de al lado se agarraba de un precario caño de luz.
Le empiezo a gritar que no se agarre de eso.
Gente le grita "¡Vas a cortar la luz!", otros insultan porque ese no es el problema sino que se quede pegado el tipo y que encima corte el cable y deje pegados a todos los que están abajo.
Empiezo a evitar que siga entrando gente: adonde estábamos era un lugar sin salida entonces empiezo a ayudar a mujeres con niños, o desmayados o gente desesperada para que pase.
Hablo con la dueña del lugar que se ve sobrepasada, y empiezan a empujar el portón de madera del lugar.
"Esto es Walking Dead", pienso.
Por primera vez en toda la secuencia tomo conciencia de que si entra TODA la gente a ese patio, nos morimos. De verdad lo pienso. Pierdo a mi compañera, voy hasta el fondo del patio y la veo ayudando a otras chicas desmayadas.
Me vuelvo, subo a la mesa para mirar y veo que a lo lejos, a la derecha desde donde miraba yo pero no a la izquierda, se empieza a mover la gente.
Empiezo a gritar que es para ese lado, la gente deja de empujar para uno de los lados.
Le sigo gritando a la gente que se agarra de un cable.

La gente rompe el portón y entra al patio de la casa y todo se desmadra.
Pienso que se terminó todo. Tratamos de cerrar el portón y la gente está en todos los techos alrededor de todas las casas y caen de los techos y ayudo a la gente que se tira a amortiguar el impacto agarrándolos del culo cuando caen.
La familia de la casa logra cerrar el portón de madera, entran sillas de ruedas, gente en muletas.
La dueña de la casa corre hasta donde estoy yo, se sube a la mesa enojadísima y yo pienso que va a insultar a alguien pero le grita a la multitud: "¿HAY ALGUNA EMBARAZADA? ¿HAY CHICOS? ¡VENGAN ACÁ!", y me pregunto, no sé si en ese momento, si esa mujer se daba cuenta de su propia enormidad. De lo que estaba haciendo.
Sus hijas o nietas le cargaban agua a la gente que aplastada contra la reja que jamás se venció pedían desesperadas. Mi mujer, yo y cuatro o cinco personas más que habíamos pasado la reja ayudábamos como podíamos.
Mirian se llamaba la señora dueña de casa.
Esa mujer salvó vidas y quizás no lo sepa.


Así es este amor

(no televisión).

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A lo lejos, dentro del predio, veo que queda una cantidad de gente descomunal.
Y entonces algo pasó, porque la gente empezó a circular más rápido.
No sé si había o no vallas, no sé si había o no mucha gente o qué había pasado durante esas casi dos horas que estuvimos atrapados pero todo se empezaba a normalizar.

Terminamos de dar una mano, de decirle a la gente que estaba en los techos de otras casas detrás que ya se podía caminar, que bajen y la gente iba avanzando.

No era un todos contra todos, no había insultos, no había peleas.
La gente no quería quilombos.
No había fisuras, no había violencia.
Todos querían terminar bien la fiesta, nada más y no había podido pasar.
Saludamos a la señora, a su familia, una vez que quedó vacío el lugar y salimos.
Empezamos a caminar y a tratar de mandar mensajes para avisar que estábamos yendo al auto.
A las veinte cuadras, treinta, otra vez embotellamiento de gente.
Le digo a mi compañera que vayamos para atrás porque otra así y me explotaba el cerebro.
Esperamos unos minutos, se abre de nuevo, me acerco a un policía (el primero de la jornada) y le digo "Está todo vallado allá" por el lugar hacia el que avanzábamos. "Qué bárbaro", me dice.
Una veintena de policías contra una pared se miraban entre sí. No tenían ni casco, ni nada, eran, se ve, de Olavarría y no tenían la más puta idea de qué hacer.
Decenas de chicos se acercaban a la camioneta de la policía y preguntaban cómo salir.
Entonces me llega el primer mensaje de gente que no estaba en el recital, preguntándome si estábamos todos bien.
Llega uno.
Llega otro.
Llegan seis mensajes cuando el celular agarra señal y algunas llamadas perdidas.
Aviso que nosotros sí, pregunto por qué y me contestan:
"Hay 17 muertos".
"Hay 11 muertos".
"Hay menores muertos".
"Hay 2 muertos".


¡Ya llegan! ¡Hambrientos!

Desde siempre nos conocemos...


Armo una cadena con los compañeros y compañeras de la agrupación para ver si todos estaban bien.
A lo largo de las horas vamos confirmando que todos y todas iban llegando a la combi.
Con mi compañera caminamos el camino de vuelta destrozados de pena y sabiendo que la enorme mayoría ni sabía que había pasado algo fulero.
Vimos a un par de personas que recibían los mismos mensajes que nosotros.
No vimos peleas, no vimos quilombo, no vimos fisuras feo salvo el clásico borrachín que la quedó en todos los kilómetros de vuelta.
No vimos Cruz Roja (nunca), no vimos más polis que esos ahí al pedo. Tampoco queríamos polis.
No vimos ambulancias.
No vimos al Estado.

Y caminamos y caminamos súper cansados, mi cerebro hecho puré de todo.
Encontramos el auto en la oscuridad con las largas caravanas de autos que volvían, subimos, nos contamos cómo lo vivimos y nos quedamos dormidos.


Tu diablo peor

(el diablo que reza)

va a pesar su cola

en Cyberbabel.

Danza macabra del Gheto de los Pibes

sexy, sexy, sexy demás.

11 comentarios, viene flojo.:

Anónimo dijo...

Demasiado ego. Sos superman loco, te felicito.
Banco al INDIO.

Pía dijo...

Muy buena crónica, Juan. El espanto. Mucha pena.

Vladimir Sinatra dijo...

Muy buen relato de lo que fue esta tan confusa misa. Muy rico todo como siempre Hank, abrazo.

Graciela dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Gustavo Gliemmo dijo...

Nene!
Rompí en llanto de impotencia cuando esa mujer te dijo "Soy una mala Madre".
Me traspaso la piel tu relato.
Sin Estado Todo Derecho Se Vulnera.
Gracias Nene!!!!

Anónimo dijo...

Graciela, leíste todo pero no entendiste nada
Juan, gracias por el relato y porla ayuda

Graciela dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Tremendo relato. Apenas escuché algo de lo que había pasado y vi la foto de los drones sobre la muchedumbre, inmediatamente pensé en la Tragedia de Hillsborough Sheffiled, hace ya 25 años. Recuerdo lo espeluznante de esas fotos de gente aplastada, alguna ya evidentemente muerta, contra la cuadrícula de rejas. Dantesco. Apenas vi la muchedumbre pensé en eso. Y ahora al leer tu relato la intuición de los aplastamientos posibles contra rejas etc, en la parte en que ustedes entran a una casa, se me hace certera. No hace falta que haya violencia, como no la hubo en Sheffield, basta que haya una cantidad demasiado grande de gente. Un milagro que no haya habido 200 muertos. Tremendo y auténtico tu relato.

Rosanna

Anónimo dijo...

si, es mala madre

Anónimo dijo...

y la democracia?

Anónimo dijo...

Sin Estado... Neoiberalismo rabioso (bien Pro) Dios mio lo que nos queda!

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