miércoles, 23 de septiembre de 2009

Ésta es la Revolución


Apenas me levanto de una cama dura y molesta, pulguienta y dolorosa y allí van: circenses monos de vodeville que se alimentan en la boca unos a otros y ese es el show.

La revolución ha comenzado y es el cruzarse de brazos y ver cómo pelean aquellos que elegimos para que nos defiendan de ellos mismos.

Una pelea desigual, a 100 rounds sin agua ni banquito, todo el silencio en el público y micrófonos abiertos.

Podemos escuchar toda la miseria que se balbucea, todo el peinado viejo remozado y todo el desinteresado interés egoísta en cada uno de los co-protagonistas.

Mordeduras de perros se asemejan a la garantía de un buen show y allí, en cada dentellada la sangre seca se vuelve a humectar y se vuelve a solidificar, siendo el caramelo caníbal perfecto para quien se precie de fagocitar al hombre.

Las manos, curtidas de tanto trabajo hoy aprietan botones de controles remotos atontados, y ya no buscan el qué sino el cómo, no el porqué, menos el cuándo.

Porque saben que no llega, entonces no importa de dónde ni quién lo haga.

Fetos enanos, de enanos y de gigantes se arrullan en una previda que no tiene auspiciante y allí, la más magra carne es salada para el asado de los pudientes y poderosos, que cortarán sus manjares de la abundancia con finos cubiertos hechos de huesos de plebeyo.

El humilde, podrá y deberá observar obsecuente la escena, mientras es azotado cada 30 segundos para que ría, llore o baile, en una pornográfica y robótica orden enmendada desde el Salón de la Huida.

Esta es la revolución por la que murieron los hippies armados.

Esta es la revolución que tanto soñaron los que murieron.

Por esta revolución se han vendido miles de remeras hijas de Pop.

Esta es la sagrada desestabilización estabilizante que los sueños de viejos demócratas soñaban en sus sucios sueños.

Ahí, ahí cerca está la copa de polenta y agua que se necesita para llenar la cacerola.

Y nada.

Escarnios desde Europa lamentan la suerte del Mono Fiel, olvidando que fueron quienes corrompieron al genoma y brindaron al mundo una versión adaptada del empleado en negro.

El abombe retumba en cabezas analgésicas por naturaleza, curadas desde el gran silencio o hasta allí, y un poco antes de el mutis, sólo habrá una queja y un pedido de Insert Coin.

Toda una fábula medieval de nuestros tiempos, esos niños sin dientes que sonríen por compromiso y ensayan una danza macabramente feliz que es acompañada por un suave acordeón de alquiler y un bebé borracho.

Como si no nos dieramos cuenta, que ésta es la revolución…



3 comentarios, viene flojo.:

Graciela dijo...

Hank, no me hagas esto. Me dan ganas de llorar, y tengo que seguir luchando. Besos

Graciela dijo...

Hermosa la música!

Leandro dijo...

Gracias

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