domingo, 2 de abril de 2017

Je Suis Choripán


Una pequeña lista que puede ayudar a ver más sensiblemente la cosa.
Porque como dijo el general:

"Sensibilidad e imaginación es base para ver, ver base para apreciar, apreciar base para resolver y resolver base para actuar".

1- No es toda la gente que banca a Macri, la que fue a la Plaza o las Plazas. Hay más.

2- Bienvenida sea una Plaza de otra gente.

3- No hagamos "lombrosianismo" inverso, que es fácil y vago. Ellos suben fotos de un morocho y no hace falta poner más nada. Nosotros una foto de una señora enajenada y tampoco. No sirve.

4- Así como fue el voto, la gente que se movilizó ayer es más antikirchnerista que promacrista.

5- No se celebró a lo largo y a lo ancho de la plaza o las plazas absolutamente ninguna medida tomada por el Ejecutivo. El pedido más claro fue al Poder Judicial, más aquí de si los militantes M comprenden o no la división de poderes.

6- Celebremos que finalmente el presidente y todo el gobierno nos demuestre cabalmente que SI SE PUEDE. Si le prestaron tanta atención a una plaza como la de ayer, le están prestando mucha atención a cada una de las plazas y marchas.

7- Esperemos que desde el gobierno no analicen la cantidad de gente por plaza o la capacidad de movilización de una u otra manera de ver la vida (ideología) porque estarían enfrentando al pueblo con la gente y eso termina en quilombo. Prometieron unir, no dividir.

8- Je Suis Choripán.

9- Ojalá de acá en adelante se puedan discutir políticas con los militantes M y no griterío.

10- Así como muchos estamos en contra del PJ rancio y muchos estamos en contra del placismo y la pureza mega K, espero que hayamos entendido que es importante ir a la calle a bancar las marchas de cualquier trabajador, movimiento social, tomada de mates, charlas de peronismo vegano, choriceada, eventos de centros culturales, al Patria, a Comodoro Py, a la presentación del libro kirchnerista del mes, al espectáculo de humor y a todo tipo de expresión más o menos popular. Si están mirando la calle toda la calle es nuestra. Y la vereda y las paredes y las terrazas y los quinchos y los asados y fundamentalmente, la alegría y el humor.

11- Jamás caigamos en provocaciones. Tenemos una agenda, ellos tienen otra.

12- Este año hay elecciones. Andá a votar. Que vaya todo el mundo a votar. Más adelante vemos específicamente a quién, pero la discusión no es hoy una persona, sino más que nunca y finalmente (y como siempre, bah), en qué tipo de país queremos vivir. Si la mayoría quiere algo contrario a lo que queremos, tal y como pasó, es la mayoría. Trabajemos y militemos para que la mayoría se exprese en absoluta libertad en todos los términos democráticos que son los únicos términos que conocemos.

13- La Democracia jamás estuvo en peligro, salvo cuando las fuerzas represivas avanzan, hay presos políticos, no hay libertad de expresión y se compran personalidades como la de Casero, Fantino o Campanella para replicar con "inocencia" ciertos conceptos incendiarios que representan a minorías intensas que adoran botas y  ̶d̶e̶n̶o̶s̶t̶a̶n̶  denuestan a los más humildes, por más que te digan lo contrario y simulen ser buenos muchachos.

14- Esa marcha fue organizada por el gobierno.

15- Despertemos a la persona que tenemos al lado y convoquémosla a militar, a caminar, a ir a marchas, a expresarse, a ir a barrios. A estudiar, a leer el diario, a analizar el discurso compacto de los que no piensan como nosotros. A formarse, a no enojarse y a saber detectar la brutal violencia simbólica de eventos que parecen inocentes pero que duelen más que un garrotazo en la cabeza: por ejemplo la estigmatización de lo que uno puede PENSAR, como si fuera algo malo. Esa estigmatización la bombardea cotidianamente el ejercito abierto televisivo (Divina TV Führer): Fantino, Del Moro, Vilouta, Campanella, Casero, Guillermo Lobo, Mariana Fabbianni y ese enorme elenco de personas que, por dinero, gritan cosas desde el llano de no ser necesariamente políticos. No son Morales Solá, Nélson Castro, Pagni, Zunino, Asis, o hasta Joni Viale que han leído libros y saben lo que hacen y no lo esconden. Son las personas que se sientan a tomar un vaso de leche y le hablan bien al vecino distraído que no se va a dar cuenta de lo que pasa hasta que le pasó.
Ejemplo:



16- Empezó la campaña y el manotazo de ahogado es ver qué cantidad de gente está dispuesta a perder todo a cambio de que vaya presa Cristina. No hay otro reclamo.

17- Empezó la campaña y lo que tenemos que hacer es tratar de no atacar más a los y las que más o menos se nos parecen (Bregman se nos parece, Vera se nos parece, el Movimiento Evita se nos parece) aunque digan las barbaridades que pueden decir.
Estamos discutiendo al fin, si repartimos la guita entre todo el pueblo o se la llevan los ricos, los directores de cine, los terratenientes y los empresarios.
¿Entonces el candidato es el proyecto?
Sí.
Cuando lo dijimos en 2015 ni pensábamos que podía querer la gente otro proyecto, entonces la retorcimos toda para decir que el proyecto no tenía dueño y blablabla.
Ahora es mucho más certera y atinada la consigna, porque nos ganaron rico.

18- Prueba de Oro: preguntale a cualquier votante de Macri qué medida lo benefició en un año y medio de gobierno. Sólo eso.

19- No somos violentos ni violentas: no seamos violentos ni violentas.
SIEMPRE EL MEJOR CAMINO ES EL DE LA FURIA FRÍA: no contestar agresiones, no agredir, no enojarse, no actuar impulsivamente.
Nos permite pensar, nos permite analizar, nos permite reírnos y nos permite ver qué pasa siempre con la historia, del mismo modo que nos deja darnos cuenta que la historia no se hizo sóla: NO FUE MAGIA.
La gente y el pueblo, tienen razón hasta cuando se equivocan.

20- Las Malvinas son Argentinas.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Centro Cultural Kirchner: hacer de cuenta que pasa algo


Un día cualquiera, en el CCK en 2015, era así:



Resulta que ayer encontré en Twitter una foto que mostraba que colgaba de una pared una enorme foto de Hernán Lombardi, el famoso "ministro de televisión", en el Centro Cultural Kirchner.
Semejante barbaridad, me parecía un abuso, puesto que Lombardi es el gladiador de la despersonalización de todas las cosas que se llamen Kirchner (como el centro cultural),

Entonces me decidí a ir, como un ciudadano más.
Experiencias así había vivido ya cuando elegí ir a Tecnópolis para comprobar con mis manos lo que habían hecho. Cuando "hice" Tecnópolis, escribí esta cosa:
http://hombremuerdeperro.blogspot.com.ar/2016/07/tecnopolis-2016-punto-de-encuentro.html


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Ya desde afuera percibía un aire de vacío y opresión: no es que me toque estar loco, no.
Cualquiera puede comprobar que en el ingreso del CCK, ahora hay unas vallas que rodean y guían hasta la puerta, dispuestas arbitrariamente sobre la vereda.
Hoy era un día en el que el CCK está abierto al público: un día que podía estar poblado de turistas, niños y niñas de escuelas, contingentes de jubilados o hermanos y hermanas de otras provincias que no sean Buenos Aires, recorriendo el lugar. Como era cuando ese lugar era kirchnerista.

Subí la corta escalera en la que un guardia con pechera flúo hacía una guardia absolutamente en vano.
Entré y me llamó la atención que no había nadie.
Apenas un puñado de empleados en silencio, y el silencio era el sonido general del lugar.

Como vemos en la foto, no estoy exagerando cuando digo nadie.


Entro, miro a la Esfera Azul que puede verse un poquito en la foto anterior.
Es preciosa.
Tiene un cartel al que no fotografié. En él dice que la esfera finalmente fue donada por el autor (Julio Le Parc) en mayo de 2016. Lo que no dice, es que fue prestada DE PALABRA a la administración anterior. 
Sigo.
Me acerco a las escaleras mecánicas: todas funcionando pero cerradas por uno de esos divisores de filas de los bancos, los elásticos. Le pregunto a dos personas de seguridad si puedo usar las escaleras mecánicas porque no uso ascensores. Me dicen que sí, que corra eso y suba. Ok.

Subo al primer piso, me asomo: todo vacío.
Subo al segundo, todo vacío.
Al tercero.
Al cuarto.
Al quinto.
Al sexto.

Al séptimo.
Empiezo a recorrer y no veo cartelería que me indique qué mirar: el CCK hoy es un lugar estéril como un hospital. Los carteles indicadores de qué exposición hay en algún lugar son o pequeños o están mal ubicados, o no resaltan. No hay prácticamente carteles intermedios que indiquen qué pasa en cada piso y para ver cada muestra, hay que entrar a las enormes habitaciones.
Por ejemplo, esta obra ocupa una sala de por lo menos 30 metros.
Adentro, un empleado sentado en una silla no hace nada.


Más aquí de la pésima foto, en una pared leemos que se recrea con estas luces, las luces de Tucumán (?).
Quizás sea que soy un idiota del arte.
O quizás eso sea un afano.

Sigo y entro en otra gran sala: aquí sí había gente. Tres personas observando estas piezas:




Quien sepa de arte seguramente apreciará, explicará y sentirá un montón de cosas con ese puf enorme que parece un castillo inflable pero desinflado, esas carretas que jamás conocieron al trabajo y ese abrazo de la industria textil.

Salgo de ahí, decido no ir a ver la muestra de los gauchos.

Me encuentro con este cartelerío simil Oficina de Turismo de cualquier provincia que por supuesto nadie miraba.


Más adelante, dos turistas le preguntan a una de las trabajadoras del CCK si podían entrar a la mítica Ballena Azul, esa obra maravillosa.
La respuesta simple y clara: "No, ahí sólo se entra cuando hay espectáculo y sólo con entrada". Los turistas asintieron y se fueron.
Recuerdo que a la Ballena Azul antes se podía entrar al menos para verla por dentro.
Hoy no.

Mando un mensaje a alguien afuera porque quería saber dónde estaba la exposición en la que estaba Lombardi. Me indican que en el quinto piso.
Bajo.


Me cruzo con esa obra de las bicicletas.
En visitas guiadas se supone que uno puede subirse y hacer de cuenta que pasa algo.
Hoy no, tenía un cartel que decía que sólo era para observar.
De todos modos, como en todo el CCK, todo parecía estar hecho para hacer de cuenta que pasa algo.

¿Querés ver más vacío?
Mirá.



Y así en cada piso.

Más:



Todos estos lugares que te muestro en fotos son distintos pisos, alguna del mismo piso mirando a la izquierda o a la derecha.
Todo vacío.
Todo limpio.
Todo sin nada.
Todos lugares abiertos al público pero claro, nadie quiere ir a un lugar en el que no pasa nada.

Y entonces llegué adonde tenía que llegar.
La muestra se llama #PazSinTerror y es conmemorativa de los 25 años del doloroso atentado a la Embajada de Israel en nuestro país.
Es una muestra fotográfica intensa en la que los participantes hacen el signo de la paz que a su vez recrea a un número dos, y con la otra palma abierta recrean por un lado al número 5 formando el "25" del aniversario y a su vez representa un "freno" al terrorismo.
La acción publicitaria está a cargo de la agencia de publicidad BasevichCrea.

Voy a mostrar la muestra de atrás hacia adelante por motivos meramente narrativos.
Este es el cartel que está en el fondo de la muestra:


Aquí sobrevivientes, personalidades y artistas:





¿Pero quién está en el ingreso a la muestra, con una relevancia absoluta y que se ve desde afuera?
Sí señor, como anticipamos, el mismísimo ministro de televisión, Hernán Lombardi, junto al Embajador de Israel:


Más cerca, podemos ver claramente la foto.


Lombardi, que en verdad no es ministro de televisión sino el titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos.
¿Cuál es el criterio para hacer esta oda a sí mismo?
Como podemos ver, no se encuentra en ningún otro lugar al menos en redes, una foto de Hernán Lombardi referida a la muestra:



Michetti, Marcos Peña, Mario Negri, Hermes Binner, Fernández Meijide y María Eugenia Vidal.
Lombardi no está.
El afiche "oficial" de la muestra, tenía en absoluta relevancia y en una foto sacada en otro lugar, a la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, pero tuvieron el decoro de no ponerla en la muestra.


¿Qué significa Hernán Lombardi en el frente de la muestra?
¿Cuál es el criterio para ponerle (o ponerse) en primer lugar?
Se conoce la minuciosidad de Lombardi para las cosas que hace: así como él decidió que en Tecnópolis se hable de 9.000 desaparecidos, difícilmente no haya aprobado y quizás estimulado que su presencia en la muestra no sólo se de, sino que esté en primerísimo primer lugar.
Lombardi, el mismo que quiere cambiar el nombre elegido por el Congreso de la Nación para el Centro Cultural Kirchner por Cerati, Borges o cualquier cosa que no sea kirchnerista.

Lombardi, el mismo que dice que "Somos un gobierno esclavo de la ley".
El mismo que dice que hay que "salir del populismo" y "mejorar las ideas republicanas", como un Kim Jon-Un vernáculo se ubica a sí mismo en una pose solemne, como si no hubiera sido él el mismo que le dio la mano a De La Rúa para ayudarlo a subir al helicóptero mientras en la plaza mataban gente a mansalva, y como si no hubiera sido funcionario de ese gobierno asesino que como sabemos, no mejoró absolutamente ninguna idea salvo la del saqueo a manos foráneas.

Bullrich, Lombardi y De La Rúa.


Así están las cosas en el CCK.
Vacías, pretenciosamente malas, para que sea gasto, para que no funcione, para que salga mal.
Así, haciendo de cuenta que pasa algo en un lugar donde por decisión política, no pasa absolutamente nada más que el culto a un oscuro, poco querido y artísticamente berreta marchand de las arcas públicas.

Antes de salir del CCK, me llamó la atención una obra que abarca toda una pared.
La foto de un helicóptero.


miércoles, 15 de marzo de 2017

Al Ritmo de las Cucarachas






Nos dicen cucarachas,
más bien KUKARACHAS,
¡nos gritan en mayúscula!



Nos piden que entreguemos a los nuestros, y nos piden que entreguemos la memoria y la memoria es enorme: en la memoria tenemos a los y las 30.000 pero también como la memoria es amplia, tenemos el recuerdo de una vacación en Mar de Ajó y un par de zapatillas que le compramos al nene.
Nos piden que borremos de un plumazo o que al menos, aceptemos lo que somos: las kukas, los negros, las villeras, los vagos, las trolas, las que por dinero, hasta fornicarían y traerían a una persona más al mundo: sólo por poder beber más.
Sus dedos de uñas pintadas, hermosas, perfectas trataradas en el doctor, nos señalan a nosotros y señalan nuestros celulares, señalan nuestro calzado, señalan nuestra manera de vivir.
Ellos pidieron QUE LA YEGUA DE TOLOSA SE MUERA Y QUE NÉSTOR SE LA LLEVE PORQUE SE LA OLVIDÓ DESPUÉS DE QUE A ÉL LO MATÓ SU HIJO y nosotros "Macri Gato" y nos reímos y cuando marchamos bailamos y cuando hacemos ruido nos hacemos chistes y no nos tomamos muy en serio al enemigo porque sabemos que es un inquilino chiquitito, una suerte de Pettinato de la política, y que mañana va a ser motivo de vergüenza de abrumadoras mayorías como lo es inversamente, motivo de orgullo lo que vivimos aquellos 12 años de fábula.
Bueno: también le decimos chorro, corrupto, delincuente, bobo, nazi, facho y "hambre".

Somos los negros, somos los grasas ¡Pero conchetos también! y esa no la pueden entender, no la cazan, los MarquitosPeñazzzzz de la vida, tan barbita y cara de hacerse el boludo, tan vidrio polarizado y subido electrónico mientras traga saliva y piensa "Me estoy haciendo el boludo pero bueh" como quien le dice "no no, gracias" a un vendedor que ofrece medias cuando uno se toma un café en algún lugar. Esos suavezones, tan ricos, con conciencias de almidón (¡Sintético!).

Y dale que te dale con que digamos si somos o no kirchneristas, con que digamos o no si somos "la rata kirchnerista" pero querido... querida... ¿Por qué será que a todos los que luchan por el bienestar general los llamás kirchneristas?
Me acuerdo de los dosmildieces (?) que si celebrábamos el 25 de Mayo con una escarapela nos preguntaban (interpelaban) si eramos kirchneristas.
¿Por cuá?
Porque terminaste asociando a la cosa patria con nosotros y nosotras.

Si canta el himno es K.
Si defiende trabajadores es K.
Si no se arrodilla con facilidad ante el patrón es K.
Si milita es K.
Si está en un barrio es K.
Si canta el himno es K. (Lo puse dos veces, andá a saber).
Si le interesa la política es K.
Si se queja porque todo es caro es K.
Si hace paro es K.
Si hace una movilización es K.
Si tiene un merendero es K.
Si tiene un comedor es K.

Si te dice que sos un boludo si no le prestás atención a la política es K.

Si tiene barba es K.
Si es gordo es K.
Si es negro es K.
Si es argentino es K.
Si prefiere cosas argentinas es K.
Si defiende los Derechos Humanos es K.
Si defiende a las Malvinas es K.
Si toma Manaos es K.
Si es millonario es K.
Si es pobre es K.
Si es cheto es K.
Si usa Iphone es K.
Si tiene Nike es K.

Y así pero siempre que sea que el himno no se cante en la escuela, que los trabajadores que defienda no sean ellos mismos, si el patrón no es el de quien señala, si hace todo lo que no querés, entonces pasa a ser K.
KUKA.
KAKA.
KEKO.
KIKI.

Si te cae mal es K.

Si queremos que haya cuotas somos K.
Si queremos que Tecnópolis sea lindo somos K.
Si queremos Qunitas somos K.
Si queremos Fútbol en la tele gratis somos K.
Si queremos que se investigue toda la obra pública somos K.
Si queremos que los jueces dejen de ser esos viejos chantas oscuros más que ricos, deliciosos, somos K.
Si queremos compartir un cacho de pan somos K.
Si queremos que al vecino le vaya bien somos K.
Si no odiamos al chino del superchino somos K.
Si no odiamos peruanos, venezolanos, colombianos, paraguayos, uruguayos, bolivianos, somos K.
Si queremos mejores sueldos somos K.

¡Hasta si tenemos calor y prendemos el aire somos K!

Si estuvimos bien en 2015 somos K.
Si fuimos más felices hace un año y medio que hoy, pues es que somos K.
Si tuvimos más plata, eramos K.
Si teníamos trabajo, eramos K.
Si nos fuimos de viaje, fue por K.

Y así hasta el colmo que descansa debajo de sombreros de Señoras con Sombrero.

¿Y sabés qué?
Sí, somos K.
Somos los buenos.
Somos los que nos preocupa la persona que tenemos al lado, el que está al lado de esa persona y 44.000.000 de personas más que están al lado.


Incluso todas esas personas, 
que se creen 
que la K es 
un insulto.

lunes, 13 de marzo de 2017

Danza macabra del Gheto de los Pibes



¡Lobo!...

¡Lobo!...

¡Lobo!...

¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...
¡Lobo!...



Si lo que buscás son opiniones formadas acerca de qué fue lo que pasó, no las vas a encontrar acá en forma de opiniones porque voy a tratar de ser lo más objetivo y desnudo relatando los hechos de una jornada que estuvo absolutamente desangelada.

Empieza así.

A las seis de la mañana del sábado con mi mujer nos juntamos con los amigos con los que iríamos en una minivan con capacidad para ocho personas.
Fuimos siete, cuatro mujeres y tres varones.

Arrancamos, clásico, escuchando al Indio y los Redondos en el auto y la ruta al principio se veía lo más abierta y "normal" posible.
Entre que hablábamos, yo me quedaba dormido (había dormido menos de tres horas porque el día anterior habíamos tenido una charla abierta sobre Memoria, Verdad y Justicia en nuestra básica), hacíamos chistes, me armaba mis cigarrillos de tabaco armado y pensábamos lo que sería la jornada hermosa del día, avanzábamos.

La primera parada fue en "algún lugar", no tengo la menor idea de dónde, para poder ir al baño, fumar unos puchos tranquilos y tomar un poco de jugo y comer unas galletitas.
Había autos y camionetas y combis, sí, pero nada fuera de serie.

Seguíamos y la ruta ya estaba algo enquilombada pero nada fuera de serie, podía ser un fin de semana poblado.

Paramos de nuevo en Tapalque, estimo, otra vez, misma rutina, puchos, tomar algo, hacer pis.

Creo que paramos una vez más, por lo menos, compramos unas papas fritas, y seguíamos. Ya había cantitos, autos con trapos, gente de buen humor y feliz.
Sinceramente, muy familiar, con alguna dósis de alguien que me asombraba que siendo las 11 de la mañana, tome por ejemplo, fernet de la clásica botella cortada en un auto más allá, y en la combi de por allá.

Al llegar a Azul, casi seguro era Azul, la situación estaba absolutamente tomada por el concierto.
Filas y filas de combis, autos con trapos, arengas entre autos porque todos estábamos en la misma.

Algunas personas haciendo dedo cabizbajas, motos, y en la ruta algunos que se mandaban más rápido para llegar al mismo lugar que íbamos a llegar.
Algunas ilegalidades como autos por la banquina a toda mostaza, etc.
¿Era medio anarquico el clima?
Sin dudas.
Nos habían pedido enfáticamente que nos cuidemos entre nosotros.


Entre amuletos y talismanes su destino desafió 

si su nariz crecía de tamaño, prometía más. 

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Ya en Olavarría, bajamos del auto dejándolo al costado de la ruta. Ni trapitos, ni seguridad, ni nada. El auto ahí, junto a otras decenas de autos, combis y micros que también se iban dando cuenta que o lo dejábamos ahí ahora o era dejarlo más lejos.
Creíamos que estábamos a unas veinte cuadras del predio donde tocaba el Indio, así que no había drama: es sabido para los que fuimos a otros conciertos del Indio que se camina fuerte.
Mis compañeras y compañeros de la agrupación habían armado una combi y estaban en la zona, pero jamás nos encontramos. Nos tirábamos mensajes, fotos, nos hacíamos chistes crueles entre nosotras y nosotros porque somos así, nos queremos y por eso nos bardeamos y nos bajamos el precio entre nosotros.

¿Les dije que llovía? No. Bueno. Llovía. El pánico en ese momento era por pasarla mal como la pasaron muchos y muchas en Gualeguaychú con el barro y el agua y toda esa historia.
Pillo, creía yo, me había llevado un piloto que tengo desde las viejas lluvias e inundaciones en los barrios, y que también me bancó a medias en la eterna Marcha de la Resistencia donde habló Máximo en Plaza de Mayo. Todo arrugado el piloto, cuando bajamos del auto y me lo puso consideré que estaba siendo una persona muy lógica y previsora y me felicité en voz alta, pavoneando la virtud de "verla de lejos".

Serían las tres de la tarde cuando empezamos a caminar por la ruta, tomábamos alguna lata de cerveza y comíamos algo.
Otra vez al baño, ahí en la ruta frente al lugar donde dejamos el auto.
La estación de servicio tenía una cola que se convirtió en cuarenta de minutos para hacer pis.
Esperamos, hablamos con las personas con las que fuimos de la situación, veíamos a la gente sacar sus parrillas, todos estábamos por demás felices.
Yo, bueno... yo estaba atento.
¿Por qué?
Por eso de "verla de lejos".
Empezamos a caminar siguiendo a la gente.
Todo estaba abierto, grupos de personas grandes por la calle, un pueblo que se reunía en las esquinas a sacarnos fotos, vecinos que miraban asombrados, niños y niñas olavarrienses mirándonos.

Hacíamos comentarios sobre eso y empezamos con uno de los compañeros con los que habíamos ido en el auto a medir a la gente: ese no llega, ese no lo logra, ese ya la quedó.
Gente que se tambaleaba. Para que te des una idea, si fuiste a un boliche: la proporción de "gente fisura" era absolutamente proporcional a lo que se ve a la salida de un baile.
Una persona cada quinientas habría fisuradas, a diferencia de un boliche donde hay una persona fresca y quinientas fisuradas.
El clima seguía siendo familiar más el plus del rock y el reviente contenido de gente eufórica.

En ese momento empecé a sentirme molesto por la exagerada familiaridad: el Indio nos había pedido que nos cuidemos entre nosotros y cuidemos al que teníamos al lado.
También había pedido que no vayamos con chicos: estaba lleno de niños muy pequeños, de tres o cinco años, de algunos años más y muchísimos bebés y carritos. Eso me molestó antes del recital, siempre me molestó, más acá de que lo haya dicho Indio. No se llevan bebés a conciertos de noche. Los bebés de noche tienen que estar en su casa, cagados hasta las orejas, llorando, comiendo, tomando la teta. No en un recital de rock con esos volúmenes, con ese aire viciado, con la proximidad del quilombo, sea cual sea el concierto.

Esa es mi opinión y dije que no vertiría opiniones. Se me hace imposible, perdón.


Su princesita, ¡ay!, se transformó en sapito

y sus minutos de gloria no aparecen.

Así, el fiestero Rey Garufa viaja solo

y vaga con su corazón entre las manos. ¡eh-eh-eh!

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Seguíamos caminando y veíamos que ya habíamos pasado largo las "veinte cuadras" que creíamos que íbamos a patear.
Nos sentamos al lado de un puesto de banderas marginales que vendía, suponíamos, un vecino.
Le preguntamos cuánto faltaba para el predio y nos miró medio riéndose.
Nos dijo que kilómetros.
No le creímos, nos guió y seguimos caminando.
Le preguntamos a otro ñato un par de cuadras más allá: nos dijo que faltaban diez cuadras.
Bien, el primero nos había mentido.
Seguimos caminando.

Diez cuadras después nos dimos cuenta que definitivamente el que vendía las banderas tenía razón.
Llegamos a una zona, ya no llovía hacía horas y el piloto lo tenía al recontra pedo, en el que la gente se empezaba a amontonar para avanzar caminando por la calle y empezaban los puestos de los vecinos. Todo si bien, no improvisado, MUY precario.
Toldos hechos de carpas, cajones, maderas como tablones, carteles escritos a mano.
Los precios variaban de un puesto a otro.
Alcanzamos cierto boulevard donde ya la gente era una marea enorme, música de un puesto a otro a todo volúmen y empezaba la verdadera tensión: tensión para mí.
¿Por qué?
Yo soy claustrofóbico.
No claustrofóbico más o menos.
No es que digo yo que soy claustrofóbico.
Soy claustrofóbico jodido, enfermo.
No puedo subir a ciertos colectivos, no ando en subte.
No cierro la puerta del baño.
Por supuesto ni pienso en ascensores o aviones.
Escribo esto y me corre un frío por los brazos.
Me estoy tratando desde hace un poco menos de un año con una técnica que se llama EMDR que es de reprocesamiento de memorias que pueden haber disparado en su momento esta horrible patología.
Mi psicóloga me dice que voy a estar bien. Vamos a ver.

¿Por qué antes les decía eso de "verla de lejos"?
Porque justamente, vivo en estado de perpetua alerta: cada vez que entro en un lugar me fijo por dónde podría salir llegado el caso, qué vidrio se podría romper, cuál sería mi vía de escape.
Vivo así. Cada día, cada hora.
Entonces mi verla de lejos era empezar a sentir que acá había mucha gente.
Repito: fui a muchísimas "misas". Me aguanto un quilombito de gente, aunque desde que ganó Macri el ahogo es MUCHO MÁS GRANDE Y SE ACTIVA MUY FÁCIL.

Me compro un fernet.
Me saluda un compañero a mi y a mi mujer, alguien con quien no nos habíamos visto nunca en la vida pero nos teníamos en Facebook.
Qué bien.
Camino dos metros, me compro esta remera.


Le digo a mi mujer que es, creo "la mejor remera del mundo".
Detrás tiene la fecha.
La guardamos en la mochila y hey, ¿Dónde está la gente con la que vinimos?
No la vemos por ningún lado.
Miramos a la derecha, a la izquierda.
No están.
Caminamos una cuadra rápido, esquivando gente, puestos.
Nada.
La gente no se repetía, era pedir permiso para ir aquí o ir allá.
Miramos la hora, eran las 19 horas.
¿Les dije que habíamos llegado a las 16 y a esa hora habíamos empezado, muy tranquilos, a caminar?
Bueno,
Eso.


Cuando el granizo golpeó

la campana sonó

despertó sus tristezas, atronando su nidos.
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Ya con la noche a pleno, caminábamos aún más en una marea enorme: yo miraba a los vecinos en las casas, todos o casi todos habían puesto venta de algo y descansaba mi problema en eso.
"Si pasa algo, les pido que por favor me dejen entrar", pensé en voz alta, y es lo que le dije a mi mujer.
Ella me tocaba el brazo y me decía que me quede tranquilo.
No iba a pasar nada.
Yo le pedía que fuéramos siempre por la derecha.

No sé bien por qué.
Pero siempre por la derecha, casi caminando sobre el cordón, siempre ahí.
Ah, sé por qué.
Quedaba a tiro de los puestos.
Pero había puestos de la izquierda también.
No importa.
Vamos siempre por la derecha, ahí descansa mi bocho.
Ahí están los vecinos.
Cualquier cosa les digo a ellos, sé que mi problema es mío, y que no todo el mundo se va a poner alerta.
Y como eran cuadras convencionales de un pueblo bastante lindo y prolijo, en cada esquina yo veía que "cualquier cosa" me metía en una de esas calles.

Sí: yo estaba pensando como si fuéramos 100, 200, 1000 o 10.000.

Me acordaba la última vez que me había agarrado un matete en algo público: no fue en la despedida de CFK sino en un día de la democracia. Teníamos nuestro puesto al costado de la catedral en Plaza de Mayo, había fallado la organización y no había salida. 
Empecé a sentirme agitado en nuestro gazebo donde vendíamos remeras.
Y vino una mujer con un nene de cinco años que tenía claustrofobia.
El nene en shock.
Me puse el traje mental de Batman, agarré al nene a upa y le dije que todo iba a estar bien.
Por adentro me moría.
Al rato la gente desconcentró, no sé cuánto rato y el nene se fue con su mamá.

Seguíamos entonces con mi compañera por las calles de Olavarría y la presión era cada vez más marcada. En las esquinas era un poco desesperante para uno, pero llegaba hasta "la derecha" y todo volvía a su nivel convencional de tensión en un concierto así.


Reparte todo lo que le queda

del "corazón que le-le rompieron".

Hiela su sangre, tartamudea

y traga todos los venenos que lo friegan.



Son babas del diablo
que un mierda quiere mistificar.
Las babas que calman el dolor que atrae la vida.
Son babas del diablo
que enredan a su generación.
Son las que distinguen 
al pez chico del pez grande.


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Entonces llegamos a un lugar donde la gente ya no se movía.
No estaba bueno.
Pero íbamos a seguir: en cualquier otra circunstancia uno se vuelve a su casa.
Si ve un par de borrachos por ahí no se queda ahí.
Si ve mucha gente por ahí uno se va.
Si la gente de pronto se queda quieta por ahí se da vuelta y se va a la casa.
Pero ahí iba a tocar el Indio en un par de horas.
Era una mezcla de devoción, de altura. De hecho social pero más que nada político: nada iba a salir mal. Nada. No nos estábamos odiando entre nosotros y la ausencia total, plena y absoluta de policía, era algo que nos regocijaba: entiendo que muchos y muchas de nosotros y nosotras ahora estemos molestos por eso, pero la policía no entraba en la ecuación. La policía no es amiga nuestra en estos contextos. La policía no tenía que estar. No queremos a la policía ahí por más que después le roguemos que nos defienda. Esto era un pacto social enorme entre todos los que vamos a escuchar a Indio. incluso con el propio Artista. Todo iba a estar bien.
Pero la gente no se movía y yo me ponía inquieto y de pronto vemos que se movía, muy lento pero se movía y lo que hacía era trepar a una loma, como una montañita y luego desaparecían.
Allá vamos. Era una vía de tren, por el único lugar que se podía cruzar.
Ahí vimos el primer cartel en las decenas de kilómetros que habíamos caminado, durante larguísimas horas (ya eran más de las 20); un cartel colgado de un palo de luz que te guiaba para decirte que adelante estaba el predio. Colgado con alambre, impreso en imprenta.
Epa.
Subimos la loma, bajamos la loma y luego de esa loma todo estaba un poco más abierto, más gente caminando por otro lado y entrando por otras calles.
Ahí vemos pequeños grupos (vimos tres grupos, en verdad), de cuatro o cinco muchachos con pecheras amarillas: esos eran parte de la seguridad del show.
Los mirabas y te decían, sin que les preguntes, por dónde entrar.
Les preguntamos "pero tengo puerta cinco" y nos dijeron, "entran todos por la misma".
Escucho a una mujer que le contesta a un pibe que si tiene entrada no se preocupe porque no pedían entrada. Me alarmo fiero.
Seguimos.
Mirá el video así entendés de qué cantidades te estoy hablando y esto fue así durante horas y horas y horas y horas y horas.



Todos confluyendo en un lugar absolutamente oscuro, con árboles.
Nos damos la mano con mi compañera y entramos ahí.
Era una suerte de aventurilla.
Esquivamos en la oscuridad, restos de fuego, brasas.
"Es como un juego de play en el que tenemos que esquivar el fueguito" le digo, sinceramente feliz.
No nos quemamos.
Llegamos a un lugar donde se abría un poco más la cosa y vemos que la puerta 5 y 6 quedaba a la derecha, empezando por la 1 que estaba a la izquierda.
Sí: estaba al revés.
Pero ya en el mapa estaba al revés.
Uno lee de derecha a izquierda una progresión de números.
Mirá:



Eludimos todos los fuegos y vemos una fila de señores con pechera naranja.
No hacían absolutamente nada.
Pasamos al lado de ellos y llegamos a lo que era "la entrada": más o menos una cuadra de ancho, puestitos como los de los molinetes en la cancha, y los tipos te pedían que tengas la entrada en la mano.
Ni se cortaba ni te la pedían ni la leían.
Entramos.

Me toca celebrar eso y le digo a mi compañera que "Qué bien, el Indio está confiando en la gente".
"Esto es un hecho político sin precedentes", le comento.

Estábamos, sí, FELICES.

Luego otra fila de hombres y mujeres de naranja más bien en el medio.
Podíamos ir más para la izquierda o más para la derecha y eludirlos.
Un veterano nos pide revisar la mochila.
La palpa un poco, la abrimos, la mira, nos sonríe muy amablemente y nos dice "Todo bien" y seguimos celebrando la falta de "estado ortiva" o milico.
Yo me había llevado mi tabaco en una bolsita junto al armador de cigarrillos, los papeles para eso y los filtros.
Un compañero me había dicho que me lo podían sacar flasheando que era porro.
Por las dudas entonces, me había comprado unos Philip Morris, cosa aberrante que no fumo hace más de un año y que me parece, hoy, desagradable.
No iba a hacer falta fumar eso, pues.
Vemos el tamaño del lugar y las columnas de sonido.
Estábamos alucinados.
Nuestras caras eran estas:


No nos había tirado para atrás la cantidad de gente.
No nos había tirado para atrás el quilombo de autos.
No nos había tirado para atrás el aviso del Indio de las "fuerzas oscuras".
No nos había tirado para atrás que no haya canas (lo consideramos mejor).
No nos había tirado para atrás la enorme cantidad de bebés.
No nos había tirado para atrás escuchar al intendente del lugar hablar de que vivían 100.000 personas en Olavarría y que irían 150.000 y sabíamos que irían por lo menos 250.000 y que entonces podía colapsar la ciudad, al menos en sus servicios básicos (agua, luz, salud, seguridad).
No nos había tirado para atrás nada.
¿Nos había alertado todo eso?
Seguro.
Pero no nos fuimos, no pensamos en mejor irnos y no pensamos en que era una bomba de tiempo ese lugar. Y si lo pensamos no importa: que toque el Indio.


preso como un animal

(como un animal feroz) 

Así las cosas, la fiera más fiera, ¿dónde está?

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Entonces ya empezaba, pasaditas las diez de la noche, creo, se apagan las luces y empieza a sonar el tema de Star Trek.
Nos miramos con Salomé: estábamos a unos metros de la última columna, estábamos lejos, pero ahí, no se escuchaba nada y no era negociable meternos en el quilombo.

Escuchamos, como si estuviéramos a cuadras del parlante (y eso pasaba), "Damas y Caballeros, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado".
Y empieza la canción.
¿Qué canción?
Ni idea.
La gente corría para adelante y cuando la gente empieza a cantar me doy cuenta que era Barba Azul.
Claro: era el tema que había tenido que cortar o había decidido cortar en el concierto anterior porque le habían tirado cosas.
Hora de la revancha.
Bien.
Igual empezamos a ponernos de malas: no íbamos a ir adelante, y la íbamos a pasar como el culo.
El sonido deficiente en los recitales del Indio es una constante eterna que pensamos, por una vez y con más columnas, que iba a mejorar.
No sucedió.
Todo entonces se convirtió en "vivamos el folklore porque artísticamente acá no va a pasar nada".
Cantamos más que nada con la gente porque no se sentía en el pecho tres carajos (y soy un asiduo concurridor a recitales) y estábamos más bien tranquilos.
Pegado a eso mete Porco Rex.
Ese tema también es una revancha, en la que el Indio canta lo que pasó con los Redondos y caga a palos a Skay. Bah eso creo yo.

El sonido se acomoda un poquito, cambiamos de lugar.
Tres fisuras a los gritos decían "aguante Black Sabbath". Inexplicable.
Más bebés, uno con un saquito de llama. Qué bronca.



¿Puede alguien decirme? 
-¡Me voy a comer tu dolor!- 

y repetirme 

–Te voy a salvar esta noche-


Cambiamos de lugar en medio de "Arca Monster". Apreciación personal, hay algunos temas que le gustan más al Indio que a la mayoría. Arca no es de lo más brutal de toda su carrera solista, entonces tomamos el tema como un descanso.
Pegado viene "Chau Mohicano". Otro tema que no es de lo más maravilloso pero a su vez me remitía a la excelencia del documental "Tsunami", que fue una de las cosas que me hizo volver a esta misa: no iba desde Junín y yo quería celebrar con el Indio.

Y entonces vino Ropa Sucia.
Toda la podredumbre de la exquisita oscuridad de los Redondos latían en esa canción.
Ahí es donde siento que sí, estaba en el concierto.
Lo grito.
Le grito al cielo.
Se me hace un nudo en la garganta.
Para el recital.

El Indio dice "hay gente tirada y la están pisando".
Entonces con mi compañera ya sabíamos que estaba todo absolutamente podrido.
Mucha gente y pisando gente.
Fin.
Chau.
Deberíamos irnos.
Pero no nos vamos.

Vamos un poco más atrás.
La gente chifla.
Empieza a irse algo de gente, no mucha.
"Deben ser vecinos", pensé.
Arranca "Héroe del Whisky" y pensamos que era una locura meter semejante tema al palo si había quilombo.
Para de nuevo, habla de nuevo, le digo a mi compañera que se iba a pudrir todo.

Vuelve con "Etiqueta Negra" y cómo decirlo... sonaba SOMBRÍA. La voz del Indio con una oscuridad espeluznante. La banda apagada. La gente desangelada.

Otra pausa.
Las luces que se prendían, se apagaban.
"Este suspende y la ciudad la destruyen", le digo a mi compañera.
"No puede volver a tocar, no hay lugar, no estamos listos, somos un pueblo de mierda", decíamos.

Vuelve al ratito con "Babas del Diablo". Ya no le presto atención al concierto.
Nos vamos aún más atrás.
Toca "A los pájaros", y sigue saliendo gente y más gente.

Mete "Había una vez", y me siento de nuevo en el concierto y levantamos los puños haciendo la revolución con una canción de amor.
Van más temas, entra "Buscapina", y llega "Esa Estrella era Mi Lujo".
No canta la estrofa final y creo que ahí, dice eso de que no tiene más ganas de tocar.

Más pausa, pausa larga.
Sale un tipo a decir que paren un poco de empujar, titubea, suena desesperado, parece que hubiera empezado a decir algo que no termina de decir pero parecía que la cosa anterior era grave.
Ahí estábamos seguros que no seguía.
Hacía frío, la gente seguía saliendo, veo a un hombre con un perro con su correa paseando por el recital.

Otra persona en otro lugar dice "Toca Black Sabbath".

Toca "Todo Preso es Político" y me olvido de todos los problemas, agarro a mi compañera y quiero correr para adelante como un loco perdido, ella me frena y tiene razón.
La canto, la bailo, espero que nombre a Milagro Sala, no lo hace.
Creo que ahí hace la alocución de las Abuelas y de la imputabilidad.

Llega "Flight 956" y me parece que a ese le pegaría "Juguetes Perdidos" más "Jijiji" y "la sorpresa final" que una gente me había dicho que pasaría y era eso de no terminar con "Jijiji".

Pero no.
Mete "Todos a los botes", un par de temas más que ya no recuerdo, "To Beef", y el Charro Chino.
El recital había vuelto a su caos normal, el esperable, el Indio seguía cantando.

Toca "Nuestro Amo Juega al Esclavo" y entonces sí, me parece una locura que toque semejante pólvora en semejante ambiente pero eso no quita que la baile como un mono famélico y aguante el rocanrol.

Antes de meter "Jijiji" tira unas frases de manual, frías, y arranca la canción.
Ya estábamos nosotros bastante atrás, podíamos ver la puerta y ver cómo se iba la gente: un cuarto, por lo menos, de la totalidad que había entrado ya se había ido.
Había gente arriba de los baños por todos lados.
Otro montón de gente sobre un terraplén fuera del predio que estaba todo cerrado con maderas precarias.
Nos molestamos con nuestra compañera porque cómo te vas a ir en "Jijiji", no respetan al artista, a la gente le importa decir que vino y nada más, es el momento más alto del concierto, etc.
La pega con "Mi Perro Dinamita", termina el recital, no habla más nadie, el Indio no saluda, no anuncia ni que no vuelve a tocar ni que vuelve a tocar, no ponen la canción instrumental, se prenden las luces y empezamos a salir.
Apuramos el paso, cruzamos la "entrada" y llegamos a una calle.

¡Porque éste es su rock'n roll!

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Le digo a mi compañera, mi mujer, que no estábamos en el mismo lugar por donde habíamos salido.
Creemos que es en la otra cuadra.
Avanzamos.
Llegamos a una cuadra y vemos una casa en una esquina con rejas, vacía y cerrada, y otra casa al lado con gente detrás de la reja, una familia de tres chicas y una señora y un muchacho con remera del Indio, mirando todo.
Pasamos por ahí, llegamos a la esquina y uno, que la "ve de lejos", se alerta al mango. Veo que la gente a veinte metros se empieza a detener.
Agarro fuerte a mi compañera y le digo que volvamos.
Empiezo a caminar para el otro lado, me cruzo en el quilombo con un compañero de laburo, sigo caminando y miro para adelante que pasa lo mismo: la muchedumbre se detiene.
Estamos en la puerta de la casa donde está esta familia detrás de la reja.
Me subo a la reja mientras la gente empieza a apretar.
Mi compañera se da cuenta que estoy empezando a tener un ataque.
En escasos segundos (cinco, diez segundos) la presión es enorme. Le digo a la gente de la casa que tengo este problema.
Me ofrecen pasar del otro lado de la reja.
Le digo que no, salvo que me sienta realmente mal.
Miro para un lado, no llego a ver dónde termina la gente.
Miro al otro, tampoco.
Empieza a apretar la gente y me parece que vamos a tirar la reja donde estamos.
Mi compañera me pide que pase del otro lado.
Le digo que todavía no.
Un hombre al lado mío estira la mano y dice "Tengo un ataque de pánico". Lo agarro de la mano, era un hombre grande.
Me agarra, me suelta, se baja. Lo pierdo.
Siento que se viene el ataque y me empiezan a temblar las manos.
Ayudo a las vecinas a cortar una bandera que tenían en el frente y que al estar atado a la reja y todos colgarse podía generar un quilombo. La sacamos.
Paso del otro lado de la reja.
En la casa del al lado la gente empieza a entrar saltando.
La dueña de la casa donde estoy yo empieza a gritarle a la gente que no hagan eso, que ahí vive una abuela.
La gente empieza a trepar el techo de tejas de esa casa.
Mi compañera me da medio ansiolítico, cosa que hago por segunda vez en mi vida y espero que última.
Una de las chicas de la casa me da agua.
Me lo tomo.
Me prendo un pucho común, un Philip,  hace un año y algo que no fumo, me tiembla una mano.
Cae de la reja del costado una mujer con un nene. Me acerco, la quiero ayudar a levantarse.
El nene con cara de terror. La mujer llorando me dice "Soy la peor madre", le digo que no, que se quede tranquila, abrazo al nene, le digo que todo va a estar bien.
Pasa mi mujer por la reja.
Cae gente desde el techo de la otra casa, una chica se estrella de culo contra el piso y se desmaya.
Va mi compañera y con otra chica se la llevan para el patio de la casa y la reaniman.
Mi mujer la abraza, la saca del pánico.
Me doy vuelta y empieza a entrar gente a chorros por la reja.
Me subo arriba de una mesa para ver el panorama y veo que un grupo de personas que entraba a la casa de al lado se agarraba de un precario caño de luz.
Le empiezo a gritar que no se agarre de eso.
Gente le grita "¡Vas a cortar la luz!", otros insultan porque ese no es el problema sino que se quede pegado el tipo y que encima corte el cable y deje pegados a todos los que están abajo.
Empiezo a evitar que siga entrando gente: adonde estábamos era un lugar sin salida entonces empiezo a ayudar a mujeres con niños, o desmayados o gente desesperada para que pase.
Hablo con la dueña del lugar que se ve sobrepasada, y empiezan a empujar el portón de madera del lugar.
"Esto es Walking Dead", pienso.
Por primera vez en toda la secuencia tomo conciencia de que si entra TODA la gente a ese patio, nos morimos. De verdad lo pienso. Pierdo a mi compañera, voy hasta el fondo del patio y la veo ayudando a otras chicas desmayadas.
Me vuelvo, subo a la mesa para mirar y veo que a lo lejos, a la derecha desde donde miraba yo pero no a la izquierda, se empieza a mover la gente.
Empiezo a gritar que es para ese lado, la gente deja de empujar para uno de los lados.
Le sigo gritando a la gente que se agarra de un cable.

La gente rompe el portón y entra al patio de la casa y todo se desmadra.
Pienso que se terminó todo. Tratamos de cerrar el portón y la gente está en todos los techos alrededor de todas las casas y caen de los techos y ayudo a la gente que se tira a amortiguar el impacto agarrándolos del culo cuando caen.
La familia de la casa logra cerrar el portón de madera, entran sillas de ruedas, gente en muletas.
La dueña de la casa corre hasta donde estoy yo, se sube a la mesa enojadísima y yo pienso que va a insultar a alguien pero le grita a la multitud: "¿HAY ALGUNA EMBARAZADA? ¿HAY CHICOS? ¡VENGAN ACÁ!", y me pregunto, no sé si en ese momento, si esa mujer se daba cuenta de su propia enormidad. De lo que estaba haciendo.
Sus hijas o nietas le cargaban agua a la gente que aplastada contra la reja que jamás se venció pedían desesperadas. Mi mujer, yo y cuatro o cinco personas más que habíamos pasado la reja ayudábamos como podíamos.
Mirian se llamaba la señora dueña de casa.
Esa mujer salvó vidas y quizás no lo sepa.


Así es este amor

(no televisión).

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A lo lejos, dentro del predio, veo que queda una cantidad de gente descomunal.
Y entonces algo pasó, porque la gente empezó a circular más rápido.
No sé si había o no vallas, no sé si había o no mucha gente o qué había pasado durante esas casi dos horas que estuvimos atrapados pero todo se empezaba a normalizar.

Terminamos de dar una mano, de decirle a la gente que estaba en los techos de otras casas detrás que ya se podía caminar, que bajen y la gente iba avanzando.

No era un todos contra todos, no había insultos, no había peleas.
La gente no quería quilombos.
No había fisuras, no había violencia.
Todos querían terminar bien la fiesta, nada más y no había podido pasar.
Saludamos a la señora, a su familia, una vez que quedó vacío el lugar y salimos.
Empezamos a caminar y a tratar de mandar mensajes para avisar que estábamos yendo al auto.
A las veinte cuadras, treinta, otra vez embotellamiento de gente.
Le digo a mi compañera que vayamos para atrás porque otra así y me explotaba el cerebro.
Esperamos unos minutos, se abre de nuevo, me acerco a un policía (el primero de la jornada) y le digo "Está todo vallado allá" por el lugar hacia el que avanzábamos. "Qué bárbaro", me dice.
Una veintena de policías contra una pared se miraban entre sí. No tenían ni casco, ni nada, eran, se ve, de Olavarría y no tenían la más puta idea de qué hacer.
Decenas de chicos se acercaban a la camioneta de la policía y preguntaban cómo salir.
Entonces me llega el primer mensaje de gente que no estaba en el recital, preguntándome si estábamos todos bien.
Llega uno.
Llega otro.
Llegan seis mensajes cuando el celular agarra señal y algunas llamadas perdidas.
Aviso que nosotros sí, pregunto por qué y me contestan:
"Hay 17 muertos".
"Hay 11 muertos".
"Hay menores muertos".
"Hay 2 muertos".


¡Ya llegan! ¡Hambrientos!

Desde siempre nos conocemos...


Armo una cadena con los compañeros y compañeras de la agrupación para ver si todos estaban bien.
A lo largo de las horas vamos confirmando que todos y todas iban llegando a la combi.
Con mi compañera caminamos el camino de vuelta destrozados de pena y sabiendo que la enorme mayoría ni sabía que había pasado algo fulero.
Vimos a un par de personas que recibían los mismos mensajes que nosotros.
No vimos peleas, no vimos quilombo, no vimos fisuras feo salvo el clásico borrachín que la quedó en todos los kilómetros de vuelta.
No vimos Cruz Roja (nunca), no vimos más polis que esos ahí al pedo. Tampoco queríamos polis.
No vimos ambulancias.
No vimos al Estado.

Y caminamos y caminamos súper cansados, mi cerebro hecho puré de todo.
Encontramos el auto en la oscuridad con las largas caravanas de autos que volvían, subimos, nos contamos cómo lo vivimos y nos quedamos dormidos.


Tu diablo peor

(el diablo que reza)

va a pesar su cola

en Cyberbabel.

Danza macabra del Gheto de los Pibes

sexy, sexy, sexy demás.

viernes, 3 de marzo de 2017

La felicidad es nuestra arma de construcción masiva




¿Qué hacés si te pasa que tu máxima adversaria política es una persona que suma a su base tres puntos (lo que tiene en total Stolbizer), durante enero, sin hacer mucho más que algunas reuniones?
Pegás donde más duele.

¿Meterías presa a Cristina, sabiendo que la gente deja lo que está haciendo en todos los puntos del país y te arma marchas en cada esquina y más en Capital?
¿Estás dispuesto a pegarle a millones, meter presos a cientos de miles?
¿A cuántos te creés que podés matar por defender la inocencia y la alegría?




¿Qué hacés si no podés meter preso a un diputado?
¿Y qué hacés si no lo podés meter preso porque simplemente, no es culpable?
¿Y si encima te acordás que tiene fueros?
Vaya problema.

¿Cómo hacés para pegarle donde más duele a la persona que sabés que te gana una elección de punta a punta y por muchísimos puntos?
Te metés con su hija.
La más chica.
La que es mujer.
La que hace cine.
La que lucha por las demás mujeres desde sus espacios.
La piba.
La madre de una beba.

La hija de Néstor.
La hija de tu adversaria.





Porque buscás un acto de locura, un error, una desesperación, algo que muestre lo que no puede aparecer en la realidad porque no es cierto.
Algo que rompa toda lógica: porque con todos los medios en contra, con toda la policía en contra, con todos los periodistitas en contra, con toda la justicia adornadísima y apretada como nunca en la historia, con toda la policía en contra de esa persona, no podés encontrar nada.
Y nada es nada.
Esperás que una ley quiebre a personas que no dicen nada, porque no tienen nada que decir.
Y te desespera, gobierno polenta, te recontra desespera.
Porque no sabés lo que es el amor.
No tenés la más pálida idea de qué se siente cuando alguien te quiere.
Y menos cuando decenas de millones te aman, te agradecen y otros tantos y tantas se dieron cuenta que fueron injustos con esa persona, tu adversaria, que crece y crece y crece y se hace enorme como el tiempo perdido.

Y hacés lo que te sale como te sale (o como te indican):
Un gesto rastrero.
Una patada de atrás.
Una trampa disfrazada de cosa legal.

Y como sabés que la felicidad es nuestra arma de construcción masiva, tratás de ponernos tristes.
De quebrarnos.
De hacernos enojar.
De hacernos tontos.
De que no veamos lo que estamos sufriendo: no importa a quién hayamos votado, estamos peor que antes de diciembre de 2015.
Porque se agotó tu discurso mentiroso de la herencia.
Porque se agotó la mentira del país que recibiste "quebrado", porque lo quebraste vos.
Porque pedís guita a lo loco y la gente no la ve pasar ni de lejos.
Porque la plata no alcanza.
Porque en todo el mundo te señalan y no para decirte que sos buen muchacho.
Y porque la gente, simplemente, no te quiere.
Ojo, hay un grupo importante de gente que te va a soportar, que incluso te puede llegar a decir que "no aflojes" y en ese "no alfojes" es que te piden que no aflojes en la única "lucha"  que podés sostener con cierto éxito: tu combate obsesivo por tratar de meter preso o presa a alguien cuyo apellido empiece con K. En eso no aflojás. Nunca. Porque fuiste pillo al contratar a un extranjero que te escribió todo lo que tenés que hacer, decir y pensar. Y entonces le dijiste a un montón de gente cómo tiene que hacer, decir y pensar.
Pero jamás, nunca, nadie, pudo enseñarle a la gente a sentir: eso te sucede, eso es algo que te pasa, eso no se inventa, no se crea, no se compra, nace en el pie, estalla en el pecho, y se queda para siempre en la memoria.




Tu saqueo, Mister Polenta, va a durar cuatro años, por eso no te preocupes.
Pero tampoco dudes un instante en que la libertad es nuestra.
La libertad es nuestro deseo.
La libertad es nuestro pacto de amor eterno con lo que queremos para ser felices.
La libertad de decir lo que queramos, de caminar donde queramos, de votar a quien queramos, de manifestarnos en paz y con una sonrisa que te aterra y atormenta, en cada calle, en cada esquina, ahora y siempre porque nuestra memoria, nuestra pasión, y la de millones y millones son parte de nuestra historia, una historia en la que vos vas a quedar como un oscuro presidente democrático muy pequeño.

Y lo que menos quiere, es que pisemos sin el suelo.
Que volemos.
Que seamos una masa despierta hermosa y sonriente.
Feliz.

¿Qué vamos a hacer para homenajear a Cristina, para decirle gracias, y a sabiendas de que ella nos pidió que no hace falta que la vayamos a bancar el martes 7?
Vamos a ir el lunes 6 a Comodoro Py.
A bancar a Florencia.
Y a bancar a Máximo.

A bancar y a darles nuestro apoyo, en paz y felices, a los hijos de Néstor y Cristina.

El lunes 6 desde las 8 de la mañana declaran ella y declara él.
Y terminamos nuestra hermosa fiesta de la libertad, celebrando la misma, acompañando desde las 10 a las docentes y docentes porque por más que el oscuro polenta diga que no hace falta defender a Baradel, tenemos que defender a los maestros porque así defendemos a los y las que van a hacer un país mucho mejor que el nuestro, con muchas más Cristinas y muchos más Néstor.
FELICES.
TODOS Y TODAS.


El martes a la plaza.
El miércoles paran las mujeres.
Y nos vamos preparando para el 24 de marzo que tenemos que hacer historia.

Pero atención, que la historia no se hace sola, que la historia no es una casualidad.

La historia te pide a gritos.
La historia te reclama ahora que pagues toda tu felicidad.

No hay más tiempo.
Y no hace falta que nadie te diga ni lo que tenés que hacer, ni lo que no tenés que hacer.

¿Vas a dejar que los y las demás vivan tu vida?
La vuelta empezó el 10 de diciembre de 2015.
¿Qué te pide el pecho?
Bancar a Cristina es bancar a sus hijos.
Bancar a Cristina es bancar a los tuyos.



martes, 21 de febrero de 2017

7 de marzo

1- El gobierno hace todo mal.

2- La gente tiene hambre.

3- La gente se queda sin trabajo.

4- La CGT amaga un paro.

5- El gobierno tira unos pesos.

6- La gente sigue mal.

7- La CGT anuncia una marcha para el 7 de marzo.

8- El gobierno cita a Cristina el 7 de marzo para generar quilombo.

9- La gente sigue mal.

10- Nos peleamos para ver a qué marcha vamos.
Gana el gobierno.

11- La gente sigue mal.

¿Qué hacer?
Ir a Comodoro Py y cuando termina, desde ahí, a Plaza de Mayo.

Simple.
Ganamos nosotros.



¿DE VERDAD ALGUIEN TIENE QUE ESCRIBIR ESTO?

viernes, 3 de febrero de 2017

La Posverdad (o la mentira)

Se ha puesto de moda el término "posverdad" que en realidad es un término elegante para llamar a la mentira.
Vemos en wikipedia, y el "678" del último párrafo es una deliciosa y comédica casualidad.



ÑAÑAÑA usaste wikipedia. Sí. ¿O vos desempolvás enciclopedias?
Luego escuchamos a todo el mundo hablando de "posverdad" para referirse a cierta "nueva era" y hablar de Trump, de Macri, de la mar en tanque y otras cosas.
¿Cómo lo llama Trump? Alternative Facts. ¿Qué significa? Hechos alternativos.
Como si hubiera hechos y hechos, verdades y verdades, posverdades y posverdades, y mentiras y mentiras.

A ciencia cierta (?) hay hechos, verdades y mentiras.

Vemos hoy en un torbellino rico en las redes que:


Y enseguida todos nos frotamos los celulares porque fue tan pero tan torpe el presidente de usar un auto de un banco para mover dólares en bolsos de cuero.
Por favor. Qué alegría. Ladies und Gentlemens, lo tenemos.

Al rato vemos que:


Y entonces caso cerrado.

Porque "no somos lo mismo". No, claro que no. Por ejemplo:

1- Ellos instalan "verdades relativas" como decía Néstor y luego retomaba Aníbal Fernández y nosotros no.
2- Ellos son gobierno y nosotros no.
3- Ellos no desmienten nada y ninguna de sus mentiras y entonces, atención, al no desmentir (ellos los malos, ellos el gobierno, ellos los medios), la verdad sigue latente.

¿A qué llamamos verdad?
No nos vamos a poner filosóficos: tenemos a Z con su apellido más complejo que el de Iván El Periodista que nombra a su programa "Mentira la verdad" y nos cuenta sobre este tipo de cosas.
Pero de nuevo, ¿Qué es la verdad?
Hay un montón de gente que dejó de votar al gobierno anterior porque su verdad, construcción mediante, era determinada cosa. Incluso gente que no se considera politizada, pero es gente que vota porque un medio le construyó su personalidad, su realidad. Hablan todos los días con el señor pelado de traje de la tele que les dice tal cosa.

Pero a veces esa verdad, es una verdad que para tomar un caso, incluía elementos. Por ejemplo el caso Nisman.

Los elementos o la receta:

1 fiscal que denuncia a la presidenta
1 fiscal que aparece muerto un día antes de su declaración
1 multimedios diciendo que al fiscal lo mató la presidenta

Un resultado:

1 grupo grande de personas considerando que eso es cierto
1 elección perdida
1 muerte, suicidio u homicidio que perjudica única y exclusivamente a quien perdió esa elección


Pero nosotros rápidamente salimos a desmentir que haya algo raro en lo de los bolsos aún cuando tenemos esta receta:

1 auto con el nombre del banco donde tiene cuenta el presidente
1 helicóptero del estado llevando bolsos
2 bolsos
1 grupo de personas que considera que hay gato encerrado, o dinero lavado

Desde el aeropuerto responden que nada que ver, que no es así.
Pero tenemos los elementos, la receta y al grupo de personas.

Velozmente desmentimos.
¿Qué desmentimos?
De verdad, repito:
¿Qué desmentimos?

A- Que el auto ese sea expresamente un vehículo para lavar dinero.
B- Que adentro de los dos bolsos haya dinero mal habido.

¿Eso desmentimos?
Pues bien.
Tenemos este otro elemento en la coctelera:



Efectivamente, el presidente tiene dinero en las Bahamas del banco que plotea al auto que lleva los bolsos que mueve la familia presidencial en un vuelo privado y sin control aduanero o fiscal alguno.

Puede ser que en el bolso había Grappamiel, como puede ser que en los bolsos había ropa, como puede ser que en los bolsos había dinero mal habido, como puede ser que en los bolsos había chinchulines.

Ahora pregunto de nuevo:
¿Qué habíamos desmentido?

Posverdad para todos y todos.

EDITADO:

A las 19:18 La Nación sube esta nota.