domingo, 5 de diciembre de 2010

COBRA KAI.

















Yo nunca quise ser un Cobra Kai.

Más allá de que peleaban en el mismo Dojo, y que el Sensei era el mismo, los Cobra Kai tenían esa cosa medio canchera, más bonita, más platuda, más langa, de la cual nunca tuve ganas ni de envidiar.

Claro, si uno hubiera nacido Cobra Kai, hubiera sido Cobra Kai, y se hubiera puesto en pedo con otros Cobra Kais y se hubiera puesto esa pilcha buenísima de calavera punk de los ochentas y hubiera bailado con todas esas doncellas y las más bonitas nos hubieran buscado, sí, y también le hubiera arrebatado la pera a Daniel Larusso.

Pero ser Cobra Kai, así como tiene sus privilegios, tiene un par de cosas que me aterran.
Porque son una bocha.
Porque son rubios.
Porque entrenan hace una banda.
Y porque el Sensei los prefiere.

Yo igual, no soy Cobra Kai.
Y tampoco hago Karate.
Y tampoco soy un Kid.

Igual, ya aprendí la grulla.

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