miércoles, 26 de septiembre de 2012

Les voy a contar un cuentito sobre la libertad





Resulta que un día un señor se fija si le quedan suficientes miles de dólares en el banco y ve que sí, pero que quiere tener el triple.

Siempre pudo y lo hizo y así le fue: le va bien a él, a sus hijos, a sus hermanos, a sus parientes.
Pues bien, va, trata de especular, de estafar a tres o cuatro y no le funciona.
¿Cómo puede ser? ¿No es ésta "The Land Of The Free"? Ah, no, esto es una nación soberana, no un partido de fútbol.

Pero qué le importa a ese señor.
Va, especula un poco más, tuerce algunas reglas, compra algunos dólares, pero no son todos esos miles, son algunos centenares, que son un verdadero y aplastante montón, pero no todos los miles que se le cantan sus piernas, como siempre hizo.

Y qué hacer ante esto, se pregunta.
Se une con otro señor que tiene también unos cuántos miles de dólares.
Timbean un rato, se ganan algunos dólares entre sí.

Afuera un chico golpea la puerta vendiendo biromes, no lo atienden.

Siguen especulando los dos señores de los dólares y riendo en voz profunda.
Entonces, bueno, qué le van a hacer: llaman a su amigo poderoso de los medios.

Vaya casualidad, éste tampoco puede comprar todos los millones de dólares que quiere, y por qué no puede? Porque no están limpitos esos billetes, entonces si quisiera comprar lo que le corresponde, debería explicar cómo, por qué, para qué y a quién estafa cuando estafa, vende en negro, elude, tuerce la ley y borra con la goma de borrar chiquita las letras negras y grandotas.

El de los medios y los dos señores de los dólares bombardean la imperiosa necesidad de tener más dinero y aumentar su capital, fortaleciéndolo, aclarando que esto no es por el dinero, sino por la libertad, la misma libertad de España, EEUU y otros tantos países de políticas económicas abiertas, "bien pulenta" y que permiten que cada uno pueda hacer lo que pueda, salvarse como pueda, y todos librados a su suerte y verdad.

Aparecen otros señores, con menos dólares, pero que quieren más, y estos ya llegan absolutamente corrompidos por el ideal de libertad lastimada: sienten que les atan las manos, hijos de democracias chuecas, sabedores de lo que fue la libertad a fines de los setenta, a fines de los ochenta, a fines de los noventas.

Vaya, qué rico aroma desprende esa libertad, ¿No es verdad?

Entonces, gritan y ya son varias voces, digamos, muchas, claro, unas, no sé, estimo que dos mil, veinte mil, doscientas mil.

Un número para nada desdeñable si lo mensuramos en "personas que van al kiosco de la Señora Norma en Santos Lugares", pero un número absolutamente risible en términos electorales.

Pero suenan.

Y esas personas, libres, salen en la televisión.
Añoran sus épocas de patria, de "yo estuve en diciembre de 2001 rajando a todos" y entonces entienden que en las manos, esas manos de ellos, que no son manos malas, sino manos de libre mercado, está el poder.

El poder real.
El poder de la democracia.
El poder de la verdadera libertad.

Pero no importa.
Se siguen sintiendo exclavos de un sistema cruel y malo y duro encabezado por estos señores y fundamentalmente, esa señora tan ruin y perversa que pretende darle todo lo que genera el país, a los pobres, los negros, los de abajo, y los que no se ven.

Y no es justo.
Porque para estos señores de los dolares, sus amigos poderosos de los millones de dólares, y sus vecinos de pocos dólares pero con entusiasmo patriótico, los negros, los pobres, lo de abajo y los que no se ven, son, a grandes rasgos, fábricas de vagos, personas que no deben ni pueden acceder a los derechos más básicos y no merecen ninguna ayuda de otras personas con dólares, millones e intenciones de cambiar la patria.

Porque no.

Entonces, los señores con dólares y su liga de la injusticia social para arriba, sienten en sus manos el fulgor maravilloso, la música perpetua que resuena en cualquier movimiento histórico y la única herramienta de cambio, que es la política, la militancia, y el pelear por lo que nosotros queremos.


Nosotros, ellos y los otros, otra vez, en la calle.
Nosotros como siempre desde 2003 algunos, desde 2009 otros, desde 2010 otros, y otros, desde 2011, siempre por el Bien Común.

Ellos, como cada vez que les tocan las arcas, los bolsillos gordos o no, pero los bolsillos propios.

Los otros, como siempre, con sus uñas sucias, acechando.

Todos bienvenidos, pero bienvenidos de verdad: la herramienta, el marco, la salud institucional, la brinda un Estado presente, activo y que alienta a la militancia política, sea o no juvenil, y la toma de conciencia de la relevancia histórica del momento y el protagonismo sobre lo macro que cada uno de los habitantes del pueblo tiene como actores sociales y políticos cada vez que hacen algo, sea lo que fuera.


Eso, en cualquier lugar del mundo, en cualquier instancia institucional, se llama, reitero, libertad.

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