viernes, 10 de diciembre de 2010

FLORES.


















Me caigo de una cama, me tiro en una compu, armo tres o cuatro cosas, las mando y después todo sale mal y no es culpa de nadie. Posta.

Sigo pateando, robo una espalda, compro una gaseosa, compro un compact disc y me siento vintage.

Sigo maquinando, subo a un auto, voy a un lado, salgo de otro, camino, corro, transpiro, busco, salgo pateo de nuevo y llego, entro en una reja, paso otra más, saludo al Negro y la tengo cerca, pero no la veo.

Sigo subiendo escaleras hacia adelante, quiero creer, y saludo a la hermana, que me juna y me aprieta medio fuerte un brazo y ese brazo enseguida recula en sus músculos y se olvida de que fue apretado por una mano que otras veces agarró a ese otro brazo que firmó tantas cosas, que acarició tantos oídos, que hizo tanto y ahora ya debe estar mustio.

Sigo por ahí, musiquita, famositos, pelito y foto, mucha foto.
Sigo y sigo y el compañero Senador es un copado, mañana viene, me dice y eso me reconforta porque somos en una cosa, medio compinches, entonces me cae mejor y le miro la nuca y tiene nuca de buen tipo.
Y me pongo en el balcón y sale ella: ahí va, cuidadito, está medio gordita, el trajecito negro la hace medio retacona pero igual, le damos, no? Entonces avanza despacito, no habla y la locutora sí, y la gente se agolpa para mirarla, a la Señora Amor.

Y ella reparte unos premios, y sigue sin hablar y tengo un poco de miedo de que no vaya a hablar, la puta madre, estará bien que no hable? Estará bien? La veo gordita, y se sienta y las cámaras toman otra cosa y mis ojos no se despegan de ella.
Y la miro sentadita en el medio ladeada por las Madres de la Plaza, mientras el pueblo las abraza, y ella ahí, te juro que mira al suelo y junta las rodillas y mete las manitos entre las piernas, apenitas, como, digamos, un poco incómoda por ahí, pero como una persona.

Eso.
Como una persona.
Y presentan al pariente número mil de un yankee, al tío de un senegalés, a un juez re grosso pero yo no, yo no puedo quitarle mis ojos de encima a ella, que asiente, por ahí recordando lo que va a decir, por ahí recordando otras cosas, por ahí pensando que tiene hambre, ganas de hacer pis o de estar en otro lado.

Y la locutora avisa que sale la cadena nacional, y entonces ella levanta la cabeza, avanza y agarra el micrófono y adelante, posta, desde arriba la veía tan clara que sentía que estaba volando, yo, y ella estaba ahí mirandome aunque ni una jodida vez me haya mirado.
Entonces le miro las manitas y empieza a hablar, y adelante tiene un papelito chiquito, del tamaño de un Subte Pass y lo frota frenética contra el vidrio de la mesita mientras habla y dice cosas lindas, cosas protocolares y el mundo está enterito.

Y habla de los presidentes, habla del Presidente, y Perón en la pared levanta las manos como diciéndole "Querida!" y ella no le da pelota y todo el equipo de sostén la mira con ganas de ayudarla o de cagarla, pero la miran como animales.

Y ella ahí, MINÚSCULA, algo rechonchita, el pelo una divinura.
Y sigue ahí y de pronto te pega en la cara un gesto de enorme altruismo, de enorme valentía, de enorme cariño y de enorme amor.
Y te lo juro, te lo juro que no fue armado, te juro que un montón de nenes de pronto, se pararon y le acercaron flores, besos, la tocaban.

Y ella mandó todo al carajo y los besaba, y todos en sus casas en cadena nacional mirando esto y yo te juro que desde ahí arriba, pude ver a la Señora que todos adoramos, esas caritas que besaba, los trataba como si fueran chicos, y eso, me parte porque a vos también te parte, y porque a ella, la parte peor.

Y entonces se prolonga, los nenes le dan flores, regalos, manitas de moco y dulce de leche.
Y ella se acomoda el traje, bajan los aplausos y una perfecta humanidad super femenina sigue hablando y da grandes anuncios.

Después se va.
Después la gente hace quilombo y canta.
Después salgo y me voy, me supera, me mata.

Me tiro en la plaza: un montón de gente esperaba un show, pero se quedó ahí mirando luces hermosas y un escenario vacío.

Y pasa el Negro de nuevo, que viene mañana y me comenta cosas de política muy importantes que mi corazón, perdón Negro, no puede llegar a asimilar, tan lleno de la miel de los héroes.
Y entonces me voy y busco las cosas y las cosas están horriblemente mal hechas, eran papeles, cosas que hice con el alma, pero bueno, los imprenteros tendrían que morirse un día, o al menos, atarse las manos al culo.
El mal gusto es cosa graciosa, a veces.
Hoy no.


Y me desespero.

Y hablo con este, con aquella y miro la tele y hay un muerto más.
Y llego a comer, y como y discuto y pongo el Compact Disc que me compré como cuando era chico, huelo el cartón de su hechura, es delicioso.

Y ese buen recuerdo, me acerca de nuevo a ella, a los besos, a las flores y a todo lo bueno que elijo, me tiene que dar un buen dormir.

Al menos hasta mañana.


2 comentarios, viene flojo.:

Publicar un comentario