miércoles, 4 de mayo de 2011

NO TOMAR PRISIONEROS.





























En tiempos de guerra, no se toman prisioneros.
No se toman hijos, novias, amigos, parientes, partidos políticos, nada, nada, se toma de prisionero.
En tiempos de guerra se mata o se muere, pero lo de los prisioneros es demasiado tribunero como para ser posta.
Por eso, la ida y vuelta, el toma y daca, el sube y baja y el chupa y chupa de subir, bajar, participar, no participar, cambiar de Capital a Salta y de Mendoza a la comuna 13, es bien de cobarde.
Porque no se toman prisioneros, se pelea.
Se pierde, se gana, pero porque esto es la política, y no un amague, o un lanzamiento de las nuevas zapatillas con cámara de aire. O cámara de diputados.
Acá se juega la posta, y ya no se trata de quién es quién sino de qué hace cada quién y esos quienes están cada vez más esfumados y ex-fumados por una verdad inpostergable, algo que vengo diciendo hace rato y es que el embudo es cada vez más chico.

Días atrás, cuando salí con la pantomima del Partido Para La Derrota, no era tan conciente de que era algo realmente posible y realizable, puesto que, viendo cómo viene el arrugue, en poco tiempo VERDADERAMENTE el único candidato que va a quedar en la vereda de enfrente (o en esta, porque en el peronismo somos inclusivos), será Mussa.
Mussa, que fue a la fiesta NDM en Córdoba y que cuando le quisimos cobrar dijo "pero yo soy Mussa!" y cuando vió que era algo K se fue para atrás como Michael Jackson, haciendo el caminante lunar.
Bueh, no es que en algún lado Mussa tenga banca, sino que caprichosamente quería meter la anécdota acá.

Entonces si siguen tomando de prisioneros a todo el pueblo, es que el pueblo hace bochinche.
Y ese bochinche se convierte en urnas rotas.
Y no es que algún gorila u/o/y opositor fuera a leer esto y vaya a cambiar de opinión, no, aunque en el fondo, me gustaría.
Sino que están tan pero tan nervioshos, que verlos así, correr, tomar de prisioneros a las banderas de las encuestas, al menos, da un poco de pena por la clase política nacional.
O es eso, o es que nunca habían hecho política posta posta.

Y lo que más me rompe las bolas, que al no morir, al no matar, al no dar guerra, al no presentar batalla, es que se van a legitimar con porcentajes de dos dígitos de mentira, siendo que si hubieran jugado de verdad en la arena que el destino les tenía preparada, la paliza hubiera sido de Titanes en el Ring.
Una pena.

Entonces así estamos, con prisioneros que se escapan, con motines ideológicos y con una Reina Madre levantándose sobre la faz de la tierra, y a sus pies, rendido un Perón.
Sin ofender, claro.

Simplemente, estoy tomando de rehén a la historia.


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