domingo, 12 de junio de 2011

EL FOLCLORE


Ya, como cosa de costumbre, tenemos el partido los domingos.
Como era hace mucho.
Y lo tenemos gratis.

Ya, también, como de costumbre, donde estemos escuchamos el Nunca Menos.
Nos emocionamos con el estribillo aunque nos tenga las pelotas por el piso.
Nos miramos y la cantamos y nos miramos a ver si la sabemos, no como con la Marcha Peronista, pero nos miramos.
Y la cantamos.
Y sabemos que ahora viene tal parte, y tal otra y nos reimos.
Y estos forros, gorilas, antipatria, van y tratan de prohibirla.
Tratan de que no den el Nunca Menos.
Pero si anunciara, no sé, Microsoft o Nike, no dirían nada.
Chupavergas.

Uh, pará, gol de Banfield.
Uno a uno.
Y yo que iba a escribir un posteo emotivo.
Bueno, quizás sea el momento de que Palermo haga un gol.
Y todos bailemos.
Y nos olvidemos de esa costumbre.
Mientras tanto, te cuento que al final de este posteo, te voy a dejar las notas para que cantes el Nunca Menos.
Para que lo toques en los cumpleaños.
Para que generes la fiebre famil... gol de Banfield. No, perá, no lo validaron.
Sigue el partido.

Te decía.
Que armes vos tu propia mística.
Que no permitas que se deje de cantar.
Que se viene Palermoooo. Uh, casi.

Bueno.
Te decía eso.
Que la toques.
Que la aprendas.
Que se convierta en canción de cuna.
Porque puede o no gustarte, pero es parte de nuestro folclorito.
De lo que estamos construyendo.
De lo que estamos siendo.
Es parte del relato que estamos escribiendo, de las páginas de historia en las que ya entramos, cuando cuenten que "la militancia" algo hizo durante estos tiempos.
Las viejas patas en la fuente, pero acá, hoy.
Más tranqui, seguro, pero somos ese griterío.

Ya termina el partido.
Parece que Martín nos tenía mal acostumbrados.
Parece que perderemos esta vez la costumbre de ver sus goles.
Mientras termina el partido, te cuento que ayer me crucé con Leonardo Favio y le di un beso.
Que se sonrió a lo loco, en su silla de ruedas, con dos personas que lo llevaban,
Que le dije que le quería dar un beso y nada más.
Que me agarró el hombro sonriendo y algo sorprendido.
Abrió los ojos grandes.
Y una de las chicas le dijo "qué raro que te den besos, justo hoy que no estás repartiendo choripanes".
Yo venía de otro lugar, de una cosa militante con NDM, del cine que damos para el barrio y había pasado por otro lado, que no importa contar ahora.

Pero cruzarme con Favio, fue hermoso.
Y esa sonrisa fue un regalo.
Tuve suerte.

Martín no.
No hizo un gol, hoy.
No.
Terminó el partido.
Ahora dejame ver cómo se va.


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