miércoles, 21 de diciembre de 2011

Tercer encuentro: el Pabellón Militante (DEL VATAYÓN MILITANTE)

Luego de la primera visita que hicimos como agrupación a un penal, tuvimos un encuentro lleno de alegrías y emociones en Chacarita 6257, El Argentinazo, donde más de 20 personas privadas de su libertad compartieron con nosotros una noche de música, lectura, canto y baile.

Para muchos de ellos, era la primera vez que salían en muchísimos años, y cuando decimos muchísimos, hablamos de más de diez años.

Para el Servicio Penitenciario Federal, era la primera vez que sucedía un hecho de esta magnitud, de noche, en la calle, y compartiendo igualdad.

Hemos subido en su momento fotos del evento, y hemos invitado a todo el mundo a participar.

Desde ese entonces y hasta hoy, hemos profundizado en la idea de asumir la responsabilidad social militante y como actores activos del modelo, buscamos la manera de participar con los internos en diferentes actividades.

Para ello, comenzamos con talleres de Murales en el Penal de Devoto, talleres de Tango en Ezeiza, y en las próximas semanas lanzamos los talleres de Teatro, entre otras cosas.

En el camino, y siempre con el apoyo, la aprobación, la entrega y la exigencia feliz del Director del Servicio Penitenciario Federal, Victor Hortel (alguien a quien le proponemos una cosa y nos propone cuatro más) y a la Jefa de Gabinete del Servicio, Laura Lo Presti, estamos a pocos días de presentar junto a la Escuela Nacional de Gobierno, los "1000 Murales", en una actividad conjunta propuesta desde el Vatayón, que consiste en pintar murales en diferentes penales, a jornada completa, interactuando en murales adentro y fuera del penal.

Pero esta vez, lo que fuimos a hacer, fue a compartir igualdad.

A compartir felicidad.

Llevamos nuestra fiesta al penal de Ezeiza, todo el día, desde el mediodía hasta el atardecer profundo.

La chata.

Nueve de la mañana. Así partimos.

Durante, el viaje, todo era, como siempre, felicidad. Queríamos llegar, queríamos hacer, queríamos divertirnos un buen y largo rato.

Felicidad.

Llegamos.

Entonces cruzamos las puertas, las primeras rejas, y encaramos hacia el gimnasio y el predio donde nos esperaban y nosotros esperabamos pasarla realmente bien.

Avanzamos.

Una vez allí, luego de presentarnos, de colgar las banderas, de saludar a los compañeros y compañeros que ya conocíamos, todos nosotros, las más de trescientas personas que estabamos ahí, escuchamos el himno tocado por el Grupo Fusión, dos compañeros de Marcos Paz.

El himno.

Luego de una introducción bastante informal, en la que contamos qué es lo que hacemos ahí, los talleres, las actividades y la responsabilidad social que creemos que tienen que tener todos los actores políticos con las personas privadas de su libertad, compartimos nuestro video presentación.

Vienvenidos Todos y Todas.

Enseguida y pegado a eso, leímos algunas cosas que queríamos decir, cosas que habíamos escrito nosotros.

Poemas, escritos. Pedacitos nuestros.

La Versera.

El Oso.

Al rato, las bandas.Mientras nosotros repartíamos los números para el sorteo de remeras y libros que ibamos a hacer después, diferentes internos e internas cantaban, bailaban, la pasabamos bien.

Masticabamos la igualdad, la justicia, los derechos y todo eso que llamamos peronismo.

La primer banda.

El cantante que tuvo problemas de sonido y con razón, se enojó. Cantaba canciones escritas dentro del penal.

La chica trans que bailó una canción de Shakira.

El grupo folklórico.

El sudáfricano que nos divirtió a todos.

Tuvimos algunos problemitas de sonido.

Lo cual generó que compañeros de otros penales, que habían traido sus propios equipos, los pongan a funcionar y compartamos entre todos, los locales y los demás, el sonido.

De un lado salían los micrófonos, del otro los instrumentos.

Igualdad. Compañeros.

Todo eso, permitió que cuando fue el momento de escuchar cuarteto, todos nos pongamos a bailar.

Cantando cuarteto.

Bailando cuarteto.

Luego nuevamente disfrutamos, como hace algunas semanas, las danzas de las compañeras bolivianas, y las canciones tradicionales que tanto nos emocionaron.

Danzas bolivianas.

Canciones tradicionales.

Y seguimos con más música.

Más grupos que habían ensayado especialmente para esto.

Muchos instrumentos construídos en los penales.

Muchas clases de percusión, de canto, de guitarra, ahora tenían su día.

Su festejo.

La banda de los pibes.

Más música.

El cantante que había tenido problemas con el sonido, en su revancha acústica.

Un ENORME guitarrista que además oficiaba de sonidista. Una bestia con la guitarra.

Entonces, ya tipo tres de la tarde, fue que empezamos a escuchar los redoblantes.

La murga. Esa vieja y querida grela de barrio, tan callejera, en las calles del penal.

Como siempre, Victor Hortel, el Director, tocando con ellos.

Y todos confundiéndolo.

Los que no saben que es el Director, lo tratan como a un compañero.

Y los que sí lo saben, también.

Ahí sonaban esos tambores, ahí explotaban esos bombos, ahí perdíamos lágrimas en el camino mientras venía uno y nos parafraseaba una canción, alterandola un poco y diciendo que "las oficinas ya no están tan llenas de ratas", y otros compartían con nosotros que desde hacía once años que estaban presos y que nunca, nunca habían vivido algo así.

El Vatayón Militante empezaba a convertirse al menos por un par de horas en un Pabellón Militante, en cientos de compañeros cantando y bailando, sonriendo con gestos duros, siendo niños un buen rato, otra vez. Siendo inocentes.

La murga.

Igualdad.

Amor.

Un Compañero.

Más Carabellis.

Unión.

Fiesta.

Y así, detrás de la murga, salimos todos a compartir choripanes, pizzas, gaseosas.

A los saltos, celebrando.

Estuvimos un rato ahí en el patio, y después volvimos porque faltaba mucho más.

La murga de Boedo, con integrantes que habían estado privados de su libertad.

Y mientras todo eso sucedía, un grupo de los nuestros junto a la murga de Marcos Paz, visitaba a los internos de los pabellones psiquiátricos y al hospital.

Ahí no, no sacamos fotos.

Pero nos llevamos las imagenes más puras de la emoción, de la inclusión, los abrazos, las historias, de la alegría y de la igualdad que tanto buscamos, necesitamos y disfrutamos.

Volvimos al gimnasio.

Volvió la música.

Siguieron los tambores, la percusión, las canciones.

La fiesta.

El grupo de percusión.

El dúo Fusión.

"Qué vamos a hacer?"

Los locales, con el compañero y amigo Juan en la pandereta.

Johnny Montana, en su día de cumpleaños número 24, cantando.

Y entonces llegó el momento de los sorteos.

Regalabamos libros de las Zonceras, de Anibal Fernández.

Regalabamos libros de la editorial Eloísa Cartonera.

Regalabamos remeras del Vatayón.

Y donabamos unos ejemplares de los libros para la biblioteca del penal.

El sorteo y la donación de los libros de Eloísa Cartonera.

Uno de los ganadores.

Otro ganador!

Ya tipo cinco de la tarde, llegó nuestra sorpresa: el gran Leo García!

Fue recibido con aplausos por todos, y uno de los compañeros, tomó el micrófono y lo felicitó por las enormes PELOTAS que hay que tener para ir a tocar ahí.

Leo García.

Canciones de amor.

Compartiendo el escenario con otros compañeros.

Abajo del escenario, bailando a lo loco.

La celebración.

Y vinimos. Y nos vimos. Y bailamos. Y vivimos. La V de la Victoria se hace algo parecido a la realidad efectiva, la realidad afectiva nos invita a que pongamos un minúsculo granito de arena para poder continuar con la Vataya cultural.

La murga seguía.

Nuestra remera en la entrada del Penal, junto a otras camisetas.

Y sepamos siempre una cosa: no es por Perón, no es por Néstor, no es por Evita, no es por Cristina que estas cosas tienen que multiplicarse.

Es por nosotros, que somos ellos, es por ellos, que somos nosotros.

Y todo esto, sólo y únicamente, se puede hacer con Perón, con Néstor, con Evita, con Cristina.

Porque ellos y ellas también son nosotros, como nosotros, somos ellos y ellas.

Para que reine en el pueblo, el amor y la igualdad.

V!

Próximas paradas:

Los talleres de murales, tango, teatro.

La inauguración de los "1000 murales" en Devoto esta semana.

Fiesta en Enero, en Marcos Paz.

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