miércoles, 1 de agosto de 2012

Ohhh!



Texto y reposteo de Mayo del 2011:

Al final sí, no era tan así la cosa, che.
Al final sí, predije con astucia de cirujano chino, o talibán, que las cosas que uno creía maravillosas, iluminadas, tan bonitas pero muy celosas, eran todas ciertas, tan puramente, tan arteramente, tan mordiendo los garrones de lo que corre lento, lo que corre despacio o lo que camina para atrás.
Al final, sólo al final del principio, ahí donde el silencio es una enorme expectativa, es que todo lo que debía ser lógico, porque el juego era mío con mis reglas, es que dijo trac trac trac y el hueso al final, tenía una osteoporosis bárbara, dolía, era endeble, frágil y una marica enorme que no servia ni para sostener a un maniquí de esos de feria, viste.
Entonces, bueno, que las cosas son por acá, o las cosas son por allá, y como ah ah ah él es, el Gran Señor, hoy veo tantos nombres de mujeres preciosas, de tantas novias fieles, de tantas amantes infieles tatuadas en la frente de cuanta persona me escruta por la calle y me miran y me observan por bueno, por malo, por feo, por lindo y por todas esas cosas que en la penumbra triste de la noche que llega cuando te la esperás, te dice que bailes el último valsito campero y te pierdas en los yuyos de un campo que no es tuyo, ni, por favor, mucho menos mío, porque hoy, el ruido, puede molestar.
Ahí están las vaquitas, pastando por los demás, tu sabes.
Y ahí estaríamos, por supuesto, al final, como mirándonos con la confianza de dos perros perdidos, de dos perros encontrados, de dos perros rabiosos, de dos perros enfermos que no saben para dónde corrían porque de un lado, la perrera y del otro, un enano cruel en cada esquina que odia a los chicos y a los animales y entonces a nosotros, pibes y jauría, nos atacaba cada vez que encaramos, pero encarabamos igual.
¿Te acordás? Sé que si.
Un equipo, dirás, pero viste, en los equipos el capitán la tiene más larga y será que el vino no es tan bueno o el vodka demasiado maravilloso, pero la verdad verdadera, es que nunca me gustaron demasiado las luces tan chillonas, el sudar una muerte de hospicio triste o un silencio tan hablado, tan escrito, tan mensajeado que decimos bueno, la evolución llegó para los monos cuando Darwin la inventó y mientras tanto… y mientras tanto.
Viene el tiempo de la cosecha rara, viene el tiempo de la contraevolución de todo lo que creíamos tan grande, tan feliz, tan risueño y al final, nada más vacuo, raro, tergiversado, abolido por todas las razones que me indican calzoncillo y no tanga, que digo, bueno, no, no soy un moderno.
Y no ser un moderno significa no, no usar esas zapas, sino no estar tan al tanto de todo eso por lo que peleamos.
Qué tanto, soy una bestia burda del conurbano, un cordón de una zapatilla tan roñosa como vos y al fin, verlo a Lucas ahí, medio dormido, mi amigo Lucas, que me presta su computadora mientras debate con Cohen, Leonard, si es o no su hombre, porque eso canta este tipo con su sombrero y sus arrugas, me hace sentir, digamos, un cachito, mejor.
Mientras este loco duerme en un sofá, porque me hacia la gamba mientras escribía, chabón, cualquiera, no hacía falta, pero estamos cortados por diferentes cuchillos pero los dos sabemos lo que fue ese corte, un día, una tarde, en una vereda, en un baile, o en una esquina en la que esperabamos a la nada porque nadie, nunca, nos va a venir a buscar.
Digamos, digo, pensemos, pienso y la verdad es que esta mordida de esófago se siente tan rara, (preciosa, sensible, humana, gracias, morite) se siente tan mal que se siente tan bien, tan auténtica que este ego hoy, desde hoy, va a salir a morder mejillas como un dinosaurio carnívoro, como si eso fuera posible.
Y como si eso no fuera lo que hace la mandíbula casi todos los días.
Como si el ruido pudiera molestar, se llamaba el libro, ¿Te acordás?
Era un libro que versaba pavadas camperas, cosas del pasado.
Pero cómo no traerlo a colación, o mejor dicho, porqué no hacerlo, siendo hoy, un día en que el pasado me trae a cococho después de pasearme por todas las sensaciones del mundo: que te reís, que te pateas, que te callás, que la chupas, que te careteas ante esos fulanos de nadie que trabajas, que hacés la pata, que te tomas uno caro, uno más o menos, uno normal y que todo el pecho, sigue siendo tan tuyo como el primer día.
No sé, la verdad, si esto se trata de que los pájaros se volvieron hombres conforme pasó el tiempo o que un hombre (y en éste JODIDO CASO FUI YO) no supo soltar a tiempo a su vaso, pegarle al que le tocaba el hombro para pedirle un autógrafo o si esa cosa que llamamos vida (coches, chicles, pelusa y perritos pichichos), se conspiró, de una puta vez, para que definitivamente, asuma mi rol amable de perdedor popular.
No sé.
Hoy, mientras tanto, creo que voy a pedir un vodka más al pasillo que me llama desde donde estoy, y hacia donde no estoy.
Y en el camino, en el camino, decía ese siome ilegible de Kerouac.
Y en el camino, te voy a ver a vos desde el tren mientras me despido para siempre.
Te voy a ver como la vi a ella.
Te voy a ver como la vi también a esa otra con la que armamos el tren.
Te voy a ver como la veo a esa que se la toco lindo.
Te voy a ver como veo a la chica más hermosa del mundo, sin nada imperfecto.
Te voy a ver como se ven a los árboles que engordan trampas de lugares que deberían, por razón social, beneficio propio, desde arriba de la claustrofóbica asombrosa vidriada, o totalidad de las cosas, cuando las cosas son todo, deberían traernos sombras y al final, las sombras son demasiadas.
Ahora vamos a dormir.
De mentira, claro.
Mañana, descubriremos que por suerte, las pesadillas, el tiempo, la vida y todo el cariño abobado ese de “pongo el pecho por vos”, tiene el precio literal de una figurita.
Aunque esa figurita, sea la más difícil del mundo y la que llene el álbum del mundial.
Sin importar si el mundial se juega, el mundial de qué o si tenemos álbum, figuritas o pegamos piruetas evasivas para encontrar lo que esquivamos.
Salú y tanto tiempo, querido, querido, querido, querido, querido, añorado e inevitable escozor.

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