jueves, 20 de diciembre de 2012

¿Por qué lo hacemos?




¿Por qué bancamos este proyecto?
¿Por qué decimos que damos la muerte por esto que supimos conseguir?
¿Por qué creemos en las buenas voluntades?
¿Por qué nos unimos y organizamos?

Quizás no hace falta que un miserable bloguero, un rufián ridículo de las letras torpes que defienden cosas en las que cree pero no a pies juntillas te diga por qué.
Seguramente no sea pertinente, tampoco, si es que la pertinencia en la política existe, y no reviste más que un affaire que tiene más que ver con cierta táctica mediática y una espera de un tiempo que no llega, y sin embargo, se lo espera, que yo te diga absolutamente nada de lo que vas a leer acá, si es que no te aburriste ya de leer. Escribo esta otra oración haciendo caso a cierta recomendación que me han dado en la que me dicen que escribo todo con puntos aparte y nunca puntos seguidos. Será que me gusta que cada cosa que digo tenga el peso de una relevancia que en verdad no tiene, porque, repito, no soy más que un pavo con un ordenador, que matemáticamente acomoda palabras en una hoja que no existe, con una tinta que puede ser borrada si un día acontece aquello del apagón informático, y tampoco quedará en ningún lugar físico, si es que el fin del mundo, al fin, viene.

Pero no va a venir.
No, el fin del mundo, no va a venir.
Por suerte.
Por la misma suerte en la que te llegó a vos que el fin del mundo venía y que entonces y por las dudas, nosotros fuimos y recuperamos a la Rural: un gesto fastuoso de nacionalismo popular y hermosa justicia histórica en el que no soy quién para decir que el timing de esto fue por lo menos discutible, ni tampoco haré demasiado hincapié en que mientras la militancia fotopolítica consignista celebraba este asunto, legisladores lloraban dentro de baños, por pura tristeza, porque se estaba escribiendo y poniendo la firma al avance de Macri sobre los terrenos del Borda para construir su Centro Cívico, aún haciendo hincapié verbal en que eso no sucedería, pero siendo claros y concretos en que no se firmaría absolutamente nada que indique que legalmente no se puede construir ahí dicho emprendimiento, dejando a la buena fe de un personaje siniestro y acomodaticio como Ritondo, la voluntad de finalmente hacer ahí o en otro lugar, a esta megaconstrucción y súper negocio para unos pocos.
Y eso sí, ha quedado escrito.
No obstante el fin del mundo, que no llegará.

Pero entonces empiezo a rascarme el cerebro con los dedos de la conciencia y me empiezo a hacer planteos sobre la justicia.
Y me pregunto si es justo que vaya preso un pibe que acaba de salir de la cárcel por tentativa de robo, siendo que esa tentativa la hizo empastillado hasta las orejas. Y me pregunto de dónde sacó las pastillas, si tomaba pastillas antes de entrar en cana, si la culpa es de las pastillas, de su madre, de su padre, de sus amigos, del farmacéutico, del tranza del barrio, de la policía de los políticos yu entonces me doy cuenta que es culpa de todos, con lo cual, es, sin dudas, culpa del Estado, puesto que el Estado somos todos.
Y ese Estado en el que todos somos todos, también somos los que votamos a Macri aunque no lo hayamos votado, porque CABA es la capital del país y somos democráticos, y nosotros pusimos a Rodriguez Saá porque esa provincia es del Estado y el Estado somos todos, y todos pusimos a Cristina, aunque a ella sí, yo la voté, dos veces, otra a Néstor y votaría a cualquier otra persona que encarne un proyecto nacional, popular y peronista, enarbolando las tres banderas del peronismo (soberanía política, independencia económica y justicia social) como lo hace ella y como lo sigue haciendo.
¿Por qué lo hago?
Porque siendo poder, somos los más débiles.
Porque aunque le pifien en ochenta mil cosas, hacen un montón de otras cosas que al ser construcciones largoplacistas, por ahí no tienen la llegada en el pueblo, ni en la gente, pero que a la larga, cuando toda la gente sea pueblo, ese pueblo habrá sido forjado en esas políticas.
Porque yo ví a madres de plazas de barrios, aplaudir en un llanto cuando Cristina en nuestra última Plaza del Pueblo nombraba a la Asignación Universal por Hijo y entonces no lloraban por Cristina, no lloraban por Perón, no lloraban por ellas, por el chori, por la coca, por el micro, ni por venir bancando este proyecto, unidos y afinados, sino que lo hacían por sus hijos, por los inocentes y sus tesoros, esas criaturas que como dice Carlos Solari, ninguno nace siendo malo.
A lo que yo, miserable bufón de la blogpolítica, le agregaría que tampoco, ninguno nace siendo triste.
Y es por eso, por los hijos, por los chicos, entonces, que yo, vengo bancando este proyecto, y te juro que en los malos momentos, siempre voy a estar.
Porque se hace por los pibes.
Se hace por los inocentes.
Se hace, todo esto que hacemos, todo esto en lo que creemos, mirando para abajo: pobres y niños, una mano desde arriba levantando al de abajo, tal y como el Escudo del Partido Justicialista es.
Todo lo demás, termina siendo calderilla de oportunistas, runfla, acomodaticias, funcionarios de turno, elementos en una estructura, periodistas que huelen la sangre o generan la sangre para fotografiarla, comentarla y vociferarla, muñecos de pasillos con sacos grandes de colores pastel y unos cuántos absolutos garcas que la hacen tan bien haciéndola mal, que ni el paquete de Lanata, ni la justicia espiona ni ninguno de nosotros se da cuenta y lo seguiremos levantando en andas como si se tratara de un cumpleaños de quince.

Es el peronismo, estúpido.
Es el pueblo.
Son los niños.

Y son todos y todas los que pensaron este país, que se enojaron con el poder de verdad, que se murieron, que mataron, que desaparecieron, que escribieron con sangre LOMJE, que comprendieron que la libertad no tiene precio y que detrás del concepto de libertad no puede no existir protagónicamente un tipo de justicia que excede los conceptos de penitencia, panópticos y jaulas, sino un tipo de justicia más cercana a la poética, en la que el que hace las cosas bien, o no tiene oportunidad ni de elegir hacerlas bien, o pudiéndolas hacerlas mal las hace bien, es valorado, y no premiado, porque la justicia es justa y no tiene las manos más largas de lo que corresponde, son todos esos, todas esas, las que se murieron para que hoy no hagas macanas, no te confundas, y pienses estratégicamente, que sepas hablar, que sepas cazar, que sepas abrir la puerta para ir a luchar.
Son ellos los que te van a juzgar, no en el cielo, no en el infierno, no en tus sueños ni en tu conciencia, porque los malos son malos tan malos que no les importa serlo y lo disfrutan mucho más que nosotros siendo buenos.

Por los inocentes, es que lo hacemos.
Y el día que vos, inocente, de arriba o abajo, dejes de ser inocente, o me de cuenta, y nos demos cuenta, vas a ser culpable.

Te quiero mucho.



5 comentarios, viene flojo.:

Juan Ruades dijo...

Excelente, hermano.

claudio dijo...

Muy bueno loco, gracias por tus post, mucha inspiracion. Con permiso, te lo robo para el face de mi hija . gracias, Abrazo. Lo mejor para vos.

Anónimo dijo...

Hablá bien, hermano. Dejá las palabras teatreras y el folclore kirchernista. Comentanos de tus ideas, esas que se te ocurren acostado en la cama, a punto de dormir. No pienses en "una jefa" o "un partido" pensá en tu deseo de ayudar, de colaborar, y comentanos tus opiniones.

Casta Diva dijo...

Anónimo de las 00:39, si sos tan bueno para sugerir qué escribir en un blog, ¿por qué no te hacés uno?

Anónimo dijo...

Te amo, te juro.

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