miércoles, 13 de febrero de 2013

LA NOCHE DE LOS ENAMORADOS




Podremos lamentar mañana que el reloj se haya caído al piso, o mucho peor, podremos darnos cuenta que ya nos queda poco tiempo para poder echarle la culpa al tiempo por no haber hecho las cosas a tiempo, en todo sentido.
Podemos vivir así, y morir así, ya que vivir así es morir de amor, decía Camilo Sexto y nosotros no lo quisimos escuchar lo lo escuchamos tanto que preferimos corrompernos, ensuciarnos, escondernos y dejar la cola al aire para que nos refresque la historia ahí, donde el sol juega abusadoramente.

Podremos mañana decir que esto, fue un amor de juventud, y recordarlo con añoranza, y recordar que decíamos que esto era la Fuerza del Amor, y pensar en nuestra militancia cuando eramos chicos, y mentirles a nuestros sobrinos, sobre hazañas que no ha hecho ninguno de nuestros compañeros, masturbando a una época y una épica lastimosa y sin embargo torva, llena de buena voluntad, ahogada por el voluntarismo y finalmente, resucitada por la verdad y el tiempo que nos da una chance hasta que finalmente, nos celebra la vida en los brazos de una buena muerte.
Entenderemos en ese entonces que aquello que hicimos estuvo bueno mientras duró, que cuánto mejor ha sido ser del palo cuando éramos gobierno, que qué hermoso era militar y bancar a este proyecto con todas a favor y un poder enorme, poder hermoso, de nuestro lado, y siendo gobierno, y miraremos nuestras fotos con remeruchis militantes, del Movimiento Evita, de Vatayón, de La Cámpora, del PRO, de la UCR, bueno, no, la UCR no tiene remeras, del PO y miraremos con orgullo a ese pasado, allá, hace un montón, como unos, no sé, tres años, cuando éramos gobierno, cuando éramos felices, cuando militar era tan pero tan fácil como lo es ahora.
Adoptaremos a ese pasado y nos haremos sus padres, recuperaremos la memoria casi llena de un tiempo en el que supimos ser los mártires que jamás morirán salvo en un accidente de auto, en un paro cardíaco de viejos jugando golf o hambreados por un estado en absoluto benefactor, un estado opresor y claudicante, y otra vez, por última vez, veremos a la efigie de los que supimos defender, moverse en cámara lenta descendiendo desde el cielo, por la escalera hecha con los huesos de Aramburu, con un fusil en la mano y nos sonrojará la conciencia el saber lo poco que hicimos pero nos habremos mentido tan bien a nosotros mismos, que hasta consideraremos que fuimos siempre Eternautas y nunca Manos, o Ellos, o ellos, o los otros y la heroicidad se heredará a niños que cantarán nuestras canciones versionándolas en un dubstep enfermizo, muy años veinte, que son los que vendrán.

Todos esos chicos a los que les mentiremos nuestras hazañas de amor por la patria, crecerán como hijos de Néstor, y tendrán sus derechos adquiridos y posiblemente alguno perderán, y seremos viejos decrépitos algunos, viejos estirados otros, mujeres feas y bonitas, todos ahí, tratando de pensar cómo era la canción que cantábamos, y trataremos de ponernos nuestras camisetas otra vez pero estarán llenas de hongos, y las banderas las habremos vendido en Mercado Libre para poder regalar un Play Station 8 a alguno de nuestros nietos que hemos tenido de la hija de nuestra primera pareja que supimos conseguir allá, por los años locos, los años del kirchnerismo, y de la que nos separamos un día y nunca más supimos de ella, hasta que vimos que en Facebook estaba en una relación con, claro, otra mujer y luego, sí, se casó y todos felices, celebrando en 9 de Julio y Corrientes, al aire libro, con un cigarrillo de marihuana babeante y humeante, cálido y amistoso, en cada mano.

La libertad será negociada y muchos huiremos a cuidar nuestros culitos, en una macabra obediencia debida al capital y en la que no nos quedará otra que hacer lo que hay que hacer en el momento justo, por el bien de los nuestros, y que si no la hacemos ahora, no la hacemos más, y no la hicimos antes, allá en los años del kirchnerismo, entonces es ahora, y desde el pasado, un chico con una caña de plástico en la mano nos recriminará haber traicionado a esa chispa infinita que nos movió a caminar por primera vez y luego a correr por segunda vez y tercero a militar "hasta que los derechos humanos se tuerzan", y eso, esa nefasta frase, la dijo Carlos García Moreno en la Plaza de Mayo, mientras todos nosotros, sometidos en la burbrújula del amor por la sanidad capilar, aplaudíamos como monos desdentados alimentados a base de papilla para bebé pobre.


PERO HEY!
Mientras tanto, venceremos.
El amor vence al odio.
Billetera mata galán.
Y por ahora, este proyecto a ellos les duele.

Pero por amor al amor, por favor, fijate bien, siempre, que ellos sigan siendo ellos y nosotros, nosotros y nunca los otros.

Libres, o muertos, pero jamás esclavos.
No lo olvides.


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