jueves, 2 de noviembre de 2017

el montaje final



- Una generación entera no conoció las redes sociales hasta hace algunos meses.

- Es la generación de “la perilla”, que su relación con la tecnología primitivamente se dio con aparatos que no tenían botones.

- Esa misma generación se crió con La Única Verdad Absoluta que era la que salía en el diario: creen en fotos, videos y si sale en el diario listo.

- “El Diario” en Argentina es Clarín: popular, fácil de leer, con buena estética y futbolero.

- La construcción de la posverdad en esas personas tiene más de cincuenta años.

- No toda la gente se pregunta respecto a una noticia: quién la escribe, por qué elige esa noticia, dónde la está publicando, cómo la escribe, y cuándo decide hacerlo.

- El gobierno conoció a las nuevas tecnologías y a las redes apenas nacieron, invirtieron un montón de guita y saben exactamente qué piensa su votante y come sobre la franja del medio (la que no es de derecha ni de izquierda o no sabe bien de qué lado está, el “aminomeimportalapolítica”).

- Como plantea Juan Cabandié: “Para gran parte de la población la única relación con el Estado se da yendo a una comisaría cuando le roban la rueda del auto”. Agrego: cuando vota.

- Esa gran parte de la población ni rechaza ni adopta a la intervención del Estado en líneas generales porque no se pregunta por qué pasan las cosas: no se pregunta por subsidios en transportes, tarifas, o si el Estado es algo más que la policía.

- La población en líneas generales no abraza a la política.

- La militancia con o sin intención, enarbolando banderas, remeras, simbología, canciones, cornetas y bombos se coloca en un lugar de supremacía y poder forzada: desde el lugar de señalarse el pecho nos colocamos por encima de la mayoría, porque no sólo somos esa mayoría sino que además le sumamos la minoría intensa de “hacer cosas por los demás”.

- El concepto de “Gobierno de CEOS” o “CEOCRACIA” es un aspiracional para la gran mayoría del pueblo. La gran mayoría del pueblo trabaja en lugares con patrones convencionales (ora gerentes y encargados visibles, ora jefes que jamás verán salvo en brindis, ora capos absolutos de multinacionales que jamás conocerán en su vida). Todas las personas en relación de dependencia (vayamos viendo el peso de las palabras: dependencia), sueña con ser gerente o jefe del lugar donde trabaja. Pero sabe que difícilmente será dueño: para eso, tendrá que desarrollar su propio emprendimiento, que puede ser desde una hamburguesería “mejor que Mc Donald´s” hasta un supermercado “mejor que el Día%”. El objetivo final, entonces, como montaje curioso, es ser, definitivamente y para siempre, un CEO.

- Un CEO para el común denominador de “la gente” no es algo malo porque sí. Es una persona exitosa, que tiene el auto que no tengo, la familia que no tengo, la casa que no tengo, el dinero que no tengo, que vacaciona en lugares a los que no voy, que compra cosas para las que no me alcanza y que alcanzó el cenit de su desarrollo profesional, ergo personal más o menos temprano en su vida. El grueso de la gente no alcanza jamás el status quo de persona rica, en la que compra el auto que desea. En la mayoría de los casos, no compra ni la casa que desea. Con suerte el televisor que desea. Pero ni la ropa que desea. En ese deseo, en ese aspiracional, es donde es sumamente efectiva la derecha: ningún patrón jamás te dice que si trabajás duro y con ahínco, la empresa va a pasar a ser tuya. Jamás. A lo sumo te va a permitir alcanzar la instancia anterior al despido, la renuncia, o el emprendimiento propio. Ser CEO es, entonces, como lograr jugar en un buen equipo de fútbol, ser la estrella, jugar un mundial y sali campeón: un aspiracional desde donde comandan las conciencias y los sueños de una población entera en un ardid de lo inalcanzable, del cielo y las estrellas, de un semidios en la tierra con el poder del capital de su lado (y el capital es todo, para ellos y para nosotros, lo combatamos o no).
Así las cosas, todo trabajador o trabajadora se pone feliz y se siente realizado cuando su patrón lo o la felicita con una estupenda palmada en el hombro: es raro encontrar una persona que entienda que el patrón es ABSOLUTAMENTE SIEMPRE EL OPRESOR.

- Nuestros planteos de mínima son las tres banderas del justicialismo (soberanía política, independencia económica y justicia social). Estas tres banderas enarbolan otros conceptos muchísimo más globales: la inclusión, la felicidad, el reparto equitativo de la torta.
Estos conceptos son ultra complejos de llevar a una mesa de discusión de base popular sin tener que explicar la curvatura del cuadrado. Todos queremos ser felices, todos queremos ser incluídos, todos queremos que se reparta la torta. Pero todos y todas queremos eso en tanto no estemos siendo felices, no estemos siendo incluídos y no nos esté tocando una porción de la torta. Entonces, cuando alcanzamos una de las tres aristas (o más, no importa), es que no la necesitamos más y no tenemos por qué pedirla más y mucho menos, vamos a querer repartir la torta que nos toca por derecho divino, la inclusión en la que estamos por justicia infernal o la alegría que nos hemos ganado con el sudor de nuestra frente porque “nadie nos regaló nada”.

- No podemos picar nunca más en un comentario en redes.
Si analizás más o menos lo que son los círculos concéntricos en una red, entra un tipo y dice que Maldonado era un jipi trolo drogadicto que no sabía nadar, tiene un “me divierte”, un hilo de comentarios consecuente con gente enojada, y se desvía todo tipo de planteo.
El ejemplo claro y notorio: uno se para en la ventana de su casa y grita “Dónde está Santiago Maldonado”. Pasa un ñato en moto, frena, se saca el casco y te levanta el pulgar. Asentís con la cabeza. Pasa una señora con un perrito y te levanta el pulgar. Pasa una mina y te levanta el pulgar. Pasa un nene y te levanta un pulgar. Pasa un tipo de bigote poblado y te dice “Muerto está, eso. Muerto”. Vos lo empezás a putear desde la ventana. Viejo forro, gorila, hay una familia, etc. El viejo se caga de la risa, te contesta “No vuelven más”, vos seguís puteando, el viejo se fue.
Bueno: al tipo le importó un huevo todo el tiempo Maldonado y le importaste un huevo vos. Del único modo que podés llevar al tipo a la instancia de la furia es diciéndole algo personal, sobre la mamá, ponele. Entonces el tipo te va a decir que abras la puerta de tu casa y salgas y peleen. Bueno, qué pasa, vos no querías eso en primera instancia, no querías agarrarte a trompadas y no te querías poner mal. Sólo querías preguntar, en este caso, dónde está Santiago Maldonado, o qué le hicieron o lo que sea que quieras decir. El tipo quería joder. Cuando decide contestarte algo es mentira que está cansado de leer eso (no va a hacer su comentario que dejes de decirlo, sino todo lo contrario) y es mentira que sienta que el caso está resuelto (ni lo sabe ni le importa, sólo quiere acomodar su media posverdad a la posverdad total y absoluta y aleccionarte). Y sin embargo te dejó a vos re caliente, con angustia, puteando, hablando con otras personas y en cada puteada que le ensartás la señora con el perrito, la mina y el nene ni te levantan el pulgar, ni lo leen, o no les importa tanto.
¿Quién gana? El dolor. Y ese vigilante sí que no tiene que ni puede ganar.
Dejá pasar las peleas que no valen la pena que pasan por un terreno de dialéctica y tocada de pelotas de personas con la peor leche posible. Esas conciencias jamás van a encontrar descanso, ni justicia, y van a ser felices siendo lo mierda que son, lo malos que son, comiendo pollo al horno con papas a fin de año con su familia a la que quieren mucho. Es otra cosa.

- Desconectá de la alta política y conectá con la tierra: tu malestar como militante político por todo lo que sucede no le sirve a nadie si no lo convertís en acción. Te queda algo de energía. Es mentira que te quebraron. Es mentira que se quedan para siempre. Es mentira que todo fue al pedo. No te pueden ganar, doblegar, o matar. O sí, bueno. Pero no deberían. No le podés regalar las lágrimas que tenías guardadas para llorar la partida de tus seres queridos, no les podés regalar el tesoro de la pena que te da que una mascota se muera. Ellos están ahí hoy, tan hermosos y perfumados, tan sonrientes pero tienen una mueca que ni vos ni yo ni nadie tiene. Esa mueca rara, que no queremos, esa mueca entre los dientes y la pared de la boca. Miralos bien. Encontrá la mueca. Ese gesto. No es una sonrisa, no es una mirada de furia. No es cara seria. Es una mueca. De vacío. De incomodidad. De hielo seco. Buscala siempre. La vas a encontrar en ellos, en algunos patrones, en algunos policías, en muchos ortivas. En algunos nuestros, sin dudas. Es una mueca que tienen también esos que creen porque no les queda otra. Los que creen porque se están por morir. O los que creen porque ya los mataron. Buscá la mueca. Vas a ver lo que te digo la próxima vez.

- Destrabemos el automático del loco político de la política loca 100% por día porque esto va para largo tranco y recién acaba de ser reseteado todo. Pueden pasar cinco, diez, quince años, días o meses, pero tenemos que estar preparados para cincuenta años de lucha sana, hermosa, edificante, llena de derrotas y algunas victorias deliciosas. Perdonemos a los garcas que quieran estar del lado de los buenos y las buenas.

Bueno, eso por ahora.

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