martes, 2 de noviembre de 2010

Épica II- Jueves (Primera Parte)



(Primera parte, haciendo click acá.)













Volvían algunos, volvía ese que no podía dormir, que volvía al laburo y no se bancaba adentro de su cuerpo y venía, volvía, siempre llegaba, a la plaza y se tiraba en el piso con nosotros.

Aparecían bebidas, aparecían mates, cafeteros, amigos, y frazadas y la noche más negra que nunca, pero nunca oscura.

La gente hacía la fila, dormía en el suelo, dormía fuerte porque venía de laburar y porque después se iba a laburar.

Llegaba ese, aquel, este otro, aquella, y flameaba todo, flameaban las almas, flameaban las flamas de esta cosa vieja, este fueguito infernal del paraíso y señor, deme un café cortado que no quiero dormir ni una hora.

Caían unos, salían otros, pedían como permiso por tener que ir a su casa donde estaban los hijos, los perros y salían a apagar la tele y la cocina porque volverían o no, pero se iban con todas esas ganas enfermas de estar de nuevo por acá ahora mismo.

El suelo de la plaza era cómodo, qué tanto.

Uno que no se podía dormir y caminaba en círculos como tantas veces lo hicieron las madres: nosotros eramos los hijos, y ya sabíamos que la de campera amarilla está tirada por allá, el de pullover celeste ahí en el banco, allá a lo lejos, la eternidad de luces y calles y aparecen más amigos, alguno medio famoso, y todos esperando, no sabíamos qué aunque sabíamos qué, pero no queríamos asumirlo hasta que sea.

Andá a buscar más agua para el mate.

Voy.

Va.

Vamos.

Viene el agua, sigue el mate, siguen las galletas, los mil doscientos cigarrillos, las cartas en el suelo. Y todo este malestar, aunque el final había sido hacía un buen rato.

El sueño, buen luchador, siempre gana.

Las baldosas, siempre muy putas, también.

Entonces te hacen mella en el lomo, en el cuero, en las costillas y dormís un rato, dormís más o menos, pero abrís los ojos y es de día, de pronto.

La gente camina de una punta a la otra.

Salís de la carpa improvisada por manos de laburante cobijadoras (no las mías) y descubrís que mientras vos estabas tirado en el piso, casi todo el pueblo se iba poniendo de pie.

Mirás a lo lejos, ves una enorme cola y ahora desde Plaza de Mayo un enorme tendal de cabecitas miran al suelo y se pierden allá y más allá.

No podés con tu genio y no te la aguantas: son las 10:30 de la mañana, y querés entrar a saludar al Jefe.

Empezás a caminar y a mirar las caras, todos están casi en silencio y con la cara empapada de historias.

Flores en las manos, recién cortadas, flores en los ojos, recién nacidas.

Y avanzás y a medida que ves que la cola es larga, te das cuenta que es la primera cola de tu vida que preferís que tarde un montón.

Avanza a paso lento, si es que avanza: la procesión va por fuera y todos empiezan a

aplaudir con ritmo, CLAP-CLAP-CLAP-CLAP-CLAP.

Es el impulso primal, es un movimiento, es un grito con las palmas a punto de estallar.

Y hacés una cuadra, dos cuadras, tres cuadras, llegás a 9de Julio y da la vuelta y empezás a darte cuenta que tenías razón cuando peleabas por esto, tenías toda la razón del mundo y esa gente te está pidiendo perdón agradeciéndole al Jefe.

Todavía no era tarde, y el final estaba cada vez más lejos.

Entonces nos acomodamos en la fila.

Arriesgamos una cantidad de tiempo: todos suponíamos que a las 12 estaríamos pasando a ver algo que no sabíamos bien qué sería, cómo sería ni cómo nos afectaría.

Y avanzabamos.

Tomabamos agua.

Las canciones se hacían como una ola que empezaba a lo lejos y llegaba hasta nuestras gargantas y de ahí al oído de los que teníamos atrás.

Que los gorilas no se tenían que animar porque se iba a armar quilombo, era algo clarisimo.

Que era esa Argentina grande con que San Martín soñó, nos iba quedando claro.

Y caminabamos.

Que jurabamos con gloria morir cada veinte minutos, era un acto de sinceridad extrema.

Y que la pena se empezaba a sentir un abrazo compañero era una cosa latente, gelatinosa.

La señora con sus amarillos rulos.

El pibito que acompañaba a la mamá y tenía su 25 de Mayo de 1810.

El basurero con todo el equipo de ropa puesto apoyado en la valla.

Las chicas militantes medio villeritas con piercings en la cara y colitas de costado en el pelo y buenos culos hablando entre ellas del parcial de macroeconomía.

Los que se querían colar y la gente le gritaba “Sos como Cobos!”.

El subnormal que vendía heladobombónadospesoh.

Los oportunistas que traían gorras de Argentina y que con fibra les habían escrito una K truchísima.

Los que tiraban el agua a 8 mangos y desde la fila, apretados cantabamos como en la escuela “EL AGUA SE REGALA! EL AGUA SE REGALA!” y el tipo con un pragmatismo saludable aceptaba bajar el valor a 5 manguitos.

Los fotógrafos que buscaban la cara más triste de la tarde en el “Llorando por un sueño”.

Y ya eran las 3 de la tarde.

Y ni nos habíamos dado cuenta.

Y nos poníamos en cueros, y el calor nos abombaba, y llevabamos las banderas y nos tapabamos con ellas y el vendedor de gorras se confundía y traía todo su stock de gorras negras y no vendía ni una y así y así, todos buscabamos acomodarnos como podíamos, el olor

a cuerpo, el olor a calor, el olor a sal de las lágrimas y el sudor que se aguantaba más y la gente que sacaban desmayada y la plaza que explotaba y el loco que desde su celular llamaba a anda saber a quién y le tiraba un “Venite, está buenísimo, está como en el Bicentenario” y los cantitos seguían y había una canción ya, inmediata, que unía a Perón, Eva y Néstor en una santísima peronidad y ahora no me la puedo acordar, la puta madre.

Y estabamos a cien metros, el calor empezaba a ser una anécdota, nos acercabamos a la puerta, esquivabamos a todos los del interior que pedían pasar porque habían venido desde muy lejos pero nosotros que habíamos hecho 6 horas de cola no teníamos ganas de retroceder y al fin, muy al fin, dos policías amables nos decían que no nos empujemos, y pasamos el vallado final, y entramos, y vimos todos lo que empezaba a pasar: la Casa Rosada estaba RODEADA de flores, gente, y un halo sombrío que recordaba con facilidad a una noche de primavera, con esa sensación de que al rato iba a salir el sol, aunque sean recién, las cuatro y media de la tarde.


Allá, hacía muchos minutos, muchos abrazos antes, el final parecía una historia de otra vida.

Ante nosotros, se venía un momento de esos que duran aunque sean duros.

Formamos fila.

Esperamos.

Y caminamos despacio hacia las flores.


lunes, 1 de noviembre de 2010

YEGUA.






La yegua ésta, no tenía porqué contestar nada, decir nada.
Podría haberse pedido una licencia, podría yo ponerme a guglear a ver si algún otro presidente en la historia resolvió todo tan rápido y tan efectivamente o qué carajo.
Podrías vos decirme que bueno, para eso la votamos pero yo también, si quisiera, podría mandarte a la puta que te parió y cagarte a trompadas en el suelo.
Podríamos decir que esperabamos algo... más duro, más firme.
Podríamos entonces decir luego, que deberíamos haberla visto enojada, y luego podríamos, en tal caso, leer análisis sesudos acerca del poco amor que demuestra la presidenta.

Podríamos no pensar en esos hombritos que inhalaban y exhalaban con esfuerzo, y podríamos no habernos detenidos que cuando hablaba de ella, mira al suelo y cuando habla de nosotros, de vos, de mí, me mira directamente a la cara y el cuello ese, tan hermoso, se pone firme, quieto, perfecto.

Podríamos no tomar en cuenta que confunde "equipos" con "partidos" y podríamos entonces creer que bueno, para ella la vida es la política, y que para ella, la política es la vida como fue para su marido la muerte y la inmortalidad.

Podríamos no remarcar que nos enseñó a todos nosotros, hombres probos y bien nacidos, con agallas y coraje, barbas y bigotes, que no es lo mismo la dificultad que el dolor.
Historiadores, niños, niñas, escuchenlo bien y aplíquenlo a toda su vida: NO ES LO MISMO LA DIFICULTAD QUE EL DOLOR.
Es una invitación a no caerte nunca, y a saber que te va a costar un montón hacerlo.

Podríamos no tener en cuenta que tiene los Rosarios, que nos miró a los ojos y que me habló a mi, no a vos, a mí.
Y después a vos, y me dió celos, casi tantos como cuando le habló a ella, ni a mi ni a vos, en ese ratito que abrió la puerta para venir a darnos tanto... amor.

Podríamos también, no tenerla como Presidenta.
Y ni pienso hacer un "supongamos" sobre eso, porque me dentra una mezcla de espanto, risa y ganas de vomitar.
Prefiero ahogar ahora todo escenario que no es ni nunca será, porque ésta es la única verdad, con este orgullo que siento por la Madre Patria, por Mamá Cristina.

Gracias, Jefa.


EL SAYO.


























Eso.
El sayo.
Al que le quepa, que se lo ponga.
O el saco.
O la remera.

O la camisa, pero que esa, mejor, se la saque.

Porque parieron una cosa esta gente del sur, y lo que parieron tiene nombre de movimiento histórico.
Todos los 678eros ahora pueden levantar banderas con la cara de un político y no sonrojarse, como lo hacían cuando se aterraban, rojos de furia, al saberse debajo de una bandera
de "Juan Carlos Perón".
Era así. Estaban ahí. Estaban acá.
Pero les picaba porque tienen esa inmirable idealización imperfectible de la política de tazas y té: existió el Perón malo. Claro.
Néstor malo no hay ni hubo, ni habrá: se murió.
Y si se mandó un cagadín, bueh, no es para tanto.

Y ahora se sienten parte de una cosa.
Y esa cosa es un cacho de Néstor Carlos.
Y esa cosa es buena.
Y esa cosa es Peronismo de paladar negro, le guste a quien le guste y le joda a quien le joda.
Aunque se llame Kirchnerismo, viste, ojo.

Pero por suerte los hombres no son dueños de la historia ni de los hacedores de la misma, porque justamente, los hombres y las mujeres son la historia, entonces qué les vas a ir a retocar los recuerdos, si los tienen amoldados a sus vivencias.

Por eso, ahora tenemos esto, un Néstor, un mártir, un prócer, un héroe, un caído en desgracia que murió por nosotros.
Bienvenida la necrofágia y malvenido el enorme precio que hemos tenido que pagar como país para advertir que sí, el Flaco era del palo, el Flaco dejó mucho y el Flaco hizo un montón.
Bienvenidos los abrazos y los besos y las ganas de militar.

Bienvenida la inclusión en todo campo: desde la militancia, desde la red, desde la calle o desde el recuerdo.

Es la hora de jugar y de dejarse de pavadas, che.

Tomemos por caso a La Cámpora.
Ahora resulta que todo el mundo dice "ohhhhh, el horroooooor".
En qué parte La Cámpora se convierte en el monstruo?
En qué parte Máximo como "amigo" de La Cámpora es algo negativo, siendo que es el hijo de Néstor Carlos y por consiguiente, Néstor Carlos quería y quiere mucho más a su hijo que a nosotros?

Quién nos pone la casaca del juicio y de la verdad y peor, quién nos hace mirar con soslayo algo que no comprendemos pero ni de lejos?

Podemos, sí estar en desacuerdo con los colores, los chalecos, la manera de manejarse.
Pero a no confundir, La Cámpora es amiga y compañera: es la orga más grande, y no necesariamente eso la hace la mejor, ojo.
Pero si empezamos ahorita mismo con el pelotudeo y la desconfianza, el fuego que se encendió con Néstor, lo apagamos con el estúpido orín del ego y el protagonismo de marquesina que todos queremos tener desde nuestras personas, desde nuestras orgas o desde nuestros baños con radio AM encendida mientras hacemos lo segundo.

Por mi parte, seguiré mano a mano y codo a codo y beso a beso y vino a vino con Los Negros de Mierda, que dicho sea de paso, es muchísimo más que un nombre pintoresco, gente que hace fiestas o negros que se dedican a la joda.
Arrimate y vas a ver.

Pero arrimate.
Acá.
Allá.
Armá tu orga.
Pero militá por la papa de tus hijos el día de mañana.

O quedate mirando todo por televisión y comprate hilo y una aguja esterilizada para CERRAR LA BOCA.

sábado, 30 de octubre de 2010

Épica I - Miércoles





















Entonces todo terminó así.
Todo se desvaneció.


Golpeaban la puerta, tocaban el timbre, ardían esos celulares y la noticia no encajaba, no encuadraba, era mentira, era re-chequeada, era una estrategia, al final no, no podía ser, no era, que sí, que no, que caiga un chaparrón, pero que borre todas estas páginas de internet tan gorilas que se pasaron de rosca.
Gorilas hijos de puta, están mintiendo la mentira final, están diciendo lo que nadie quiere, no pueden hacerlo, mienten tanto que casi me lo creo.
Pero es mentira, no pasó nada de esto, no.

Y no.

Y las páginas se actualizaban y seguía todo igual, todo peor, pero nadie creía nada porque no había pasado nada.
Ni el censista, todavía.
Y no venía, y uno cacheteaba a esas teclas enojado, revoleaba los ojitos en redes sociales sin querer creer lo que tenía en la jeta y sin embargo, seguí ahí, el zócalo de mierda de los canales de tele seguía mintiendo!

Los mensajes de texto, con el cuidado de un pariente muerto, caían y caían, los más sentidos pésames no se demoraban un instante y el suelo, y el techo y las paredes iban haciéndose cada vez más un lugar brutalmente inhóspito.

Ibamos cayendo, ibamos viendo lo frágil, lo desesperante, lo auténtico del mundo real.

Estaba más o menos lejos el final.

Acelerabamos todo tipo de suspensiones, le decíamos que NO a todas las citas, a todas las reuniones y ahora el objetivo era salir, salir y salir, correr por la calle, llegar a la plaza, tratar de resistir, de mostrar que no nos habían vencido, y si eramos los únicos que ibamos a esa puta plaza a parar de pecho un bombardeo (todo era posible con el diario del lunes) ibamos a ir, solitos y valientes.

Y llegaron los censistas y la gente se iba yendo y las computadoras y las casas y las mascotas quedaban solas y los mates quedaban en las mesas medio tibios y solitarios y la tele quedaba prendida andá a saber hasta cuándo.

Los trenes, los colectivos, los subtes y las veredas en general tenían ese silencio de feriado raro.

Ese ruido que se escucha un primero de enero, cuando todos estan borrachos, bien comidos, bien cogidos, contentos de que empieza algo nuevo.

Pero no.

Pesaban las mejillas, pesaban los párpados y todos o casi todos estaban tristes, preocupados o sorprendidos de que había pasado algo que seguramente no tenía que pasar.

Como si lo impredecible, fuera predecible, já!

El tiempo y el destino tienen ese capricho: no se dejan mostrar, porque si se dejaran, haríamos lo posible por cambiarlo, siempre jugando tan pero tan al límite de lo que tenemos.

Y llegábamos a la plaza.

Nos conocíamos de siempre. Nos reconocíamos por algún gesto, y ese gesto era el velo de una penuria enorme, de un misterio y de una pregunta que molesta, siempre vuelve: “Porqué?”.

Nos ibamos encontrando, las banderas se alzaban brillantes y opacas y un silencio reinaba en todas esas caritas: una cola enorme de gente quería acercarse a dejar una cartita, una flor, un beso enorme, un fuerte abrazo, un gran saludo.

Y todavía creíamos que la palabra “enorme” era eso.

Porque seguía cayendo gente, gente nueva, gente a la que nunca vimos en marchas, el subsuelo de verdad, gente que se cansó de decir que no le importa la política, gente que en los bares decía que los K son buenos “pero”, gente con la ropa del laburo.

Gente que siempre creyó que el suelo existía, hasta que se lo sacaron los tiempos y se dieron cuenta que el suelo, no se había hecho sólo.

Gente que calculaba sus sueldos y los ponía en perspectiva y veía que el porcentaje del aumento de ese sueldo en siete años era de un 200% y el de la leche de un 50%.

Entonces iban cayendo, cayendo en la cuenta y cayendo en la plaza y más banderas, más banderas, banderas enormes, banderas nuevas, banderas de oro.

Abrazos que se confundían en lagrimitas, en putaquelosparió, en pesares y la noche se abombaba y empezaba a cobijarnos, a darnos aliento, a saber que ni iba a llover, ni iba a hacer frío.

Se cantaba el himno, se cantaba la marcha peronista y se perfilaba un “si nos tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”.

Se respiraba revolución otra vez, como alguna vez dijo Chávez.

Llegaban más mensajes de texto, gente que quería estar ahí con ella, gente que tomaba colectivos, que corría por la calle, que se ponía la bandera que había comprado para el mundial en los hombros como una capita, como superhéroes de la patria: todos venían a saludarlo a él y a salvarla a ella, madre nueva.

Las noticias estallaban, los canales metían helicópteros, cámaras aéreas, periodistas entre la gente.

Los canales no comprendían que sucedía, si esto no era el pueblo el pueblo dónde está, porque no paraba de caer gente.

La organización comenzaba a vencer al tiempo: se plantaban vallas para tener una cola de cuatro cuadras, y ahora, la palabra “enorme” tomaba una dimensión bastante más grande que la de hacía un rato. Existía el miedo del desborde de gente, de una patriada sin sentido, de un grito de corazón exaltado, y esos ojos, hermosos, miraban a la bandera, miraban al color rosita nena de la Casa de Mamá y esperaban a ella, la nena más hermosa, el pedazo de mujer de la cual todavía, no sabíamos cuándo llegaría, a qué hora ni si estaría, triste, fea, rota y adiós.

Horas más tarde, mil abrazos después, con una pantalla que plantaban por ahí, una Evita inflable y un Néstor Eternauta que le daba la bienvenida a todos los héroes que eran el héroe, escuchamos al helicóptero llegar detrás de la Rosada.

Los que estabamos ahí, caminamos despacio y callados hacia la reja y apoyamos nuestras manos para ver qué pasaba.

Y el final, empezaba a terminar.

jueves, 28 de octubre de 2010

NO SABÉS LO QUE ES ESTO.


Entrás la ves, te mira, le tirás un beso, se golpea el pecho con un puño cerrado te hace media sonrisa y el mundo se te termina eh.
Onda, te caés, pero posta, TE CAES encima de toda tu historia y todos tus rollos y decís que te da bronca que ahora todo el mundo salga a mostrarle a los otros forros todos los que siempre fuimos.
Te lo juro, entrás, ves a todo el gabinete rodeándolo mirándola, mirándote y ella es la que empieza el aplauso cuando borracho le decís "Es por Tucumán, Presidenta, no me afloje ahora!" y ella golpea sus manitos y todos aplaudimos y recordamos que en la puerta, estaba la corona que mandó el Diego, porque entre reyes, sólo se regalan coronas.
No hay joda, no es sopa: entrás y dejás a otra persona afuera, y cuando salís por la otra puerta, entendiste un montón de cosas, entre ellas, los tiempos y el destiempo.
A veces, creo, no te enojes ahora, pero a veces, me dan ganas de mandar a la concha de su puta madre a todos los que recién ahora, se dan cuenta que no alcanzaba con decir que el tipo era un capo, sino que había que bancarlo.
Tenemos una chance más: ella está viva, y la tenemos que sostener con todos nuestros callos, nuestras heridas y nuestros corazones rebozantes de orgullo.
Salú, seguimos en la plaza, hasta que él se vaya.

miércoles, 27 de octubre de 2010

LO QUE ÉL QUERÍA.













Sabés qué quería él?

Que hoy te levantes y salgamos en la tele y que Clarín no pueda mentir.

Que hoy te sacudas la modorra y la pena y lo recuerdes con una sonrisa, con desparpajo, desprolijamente, a lo bestia.

Que hoy nos abracemos entre todos y cantemos el Himno y después sí, la Marcha Peronista.

Que hoy compremos unas birras, que recordemos anécdotas lindas, que disfrutemos el ser lo que somos.

Que nos miremos las caras todas infladas de tanto llorar como una chica que se queda tranquila un rato y enseguida se quiebra en mil pedazos de agua y que nos hagamos burla de lo feos y perfectos que nos vemos.

Que caminemos por nuestras calles como las caminaba él.

Que llevemos nuestros bombos, nuestras banderas.

Que nos fumemos uno en su honor, que brindemos porque el viaje estuvo bien bueno y que sigamos creyendo, creando y queriendo.

Que digamos todas las veces posibles que no lo podemos creer pero que lo creamos: este tipo tiene palabra.

Que nos unamos y seamos todos los que tratemos de hacer esa realidad efectiva.

Que bailemos más de ahora en adelante, que valoremos más cada sábado, cada reunión militante, cada mate tomado con un amigo, cada paso que se da por el barrio en total y absoluta libertad.

Que no confundamos los tantos y que sepamos que así como él se fue, craneó bastante para dejar a un montón de chicos recién nacidos con un paquete de leche en polvo a mano.

Que sigamos juzgando y engayolando a todo milico hijo de puta.

Porque se fue, ajá.

Pero ahora que se fue es cuando tenemos que defenderle la parada de él, su patria nueva, nos dejó el boliche a cargo.

La Jefa está tranquila, atenta, siempre tan bonita.

Pero no le fallemos nosotros.

Porque sabés, qué es lo que el quería?

Que cantemos, que soñemos y que tengamos fuerza.

Mostrémosle porqué era el Jefe.

Mostrémosle que lo sigue siendo.

Y llevemos flores y vasos y versos y besos y baladas y balazos.

La inmortalidad dura toda la vida.

VIVA NÉSTOR.


















Nos dejó ese enorme corazón loco y esa fuerza de vida, esa pasión por un pedazo de tierra que no lo dejó descansar. Ese latido que ahora, nos regaló a todos y latimos dos veces.

No nos dejó solos porque nos dejó con nosotros.
No nos dejó solos porque me dejó con vos.
No nos dejó solos porque te dejó conmigo.
No nos dejó solos porque te dejó con ella.
No nos dejó solos porque nos dejó con ella.
No nos dejó solos porque nos dejó con nuestras piernas.
No nos dejó solos porque nos dejó con ese pedazo de corazón sangrante.
No nos dejó solos porque nos hizo compañeros.
No nos dejó solos porque nos devolvió la bandera.
No nos dejó solos porque nos devolvió la calle.
No nos dejó solos porque nos devolvió la canción.
No nos dejó solos porque nos devolvió los abrazos.
No nos dejó solos porque nos devolvió la Patria.
No nos dejó solos porque ahora nos tenemos.
No nos dejó solo porque ahora nos sostenemos.
No nos dejó solos porque no se fue.
No nos dejó solos.
No nos dejó.
No.

Nos dejó un Viva La Patria bien gritado.
Nos dejó unas borracheras festejando.
Nos dejó peleas con los vecinos a pura pasión.
Nos dejó a nuestros hijos y un lugar donde caminar.
Nos dejó a mil hermanos y varios amigos.
Nos dejó un horizonte de estratega.
Nos dejó la sensación de justicia.
Nos dejó aprender a querernos.
Nos dejó a viejos amigos que recién conocemos.
Nos dejó al amor.
Nos dejó su vida y nos dijo "Haganlo".

"Canten, sueñen, Fuerza!"

Nos dejó cantando.
Nos dejó soñando.
Nos dejó con fuerza.
Nos dejó en la hora de los héroes.
Nos dejó arriba del ring con los guantes puestos y con ganas de pelear.
Nos dejó los brazos abiertos.
Nos enseñó que las cosas se podían hacer mucho mejor.
Nos enseñó que si nos juntabamos podíamos sonar más fuerte.
Nos enseñó que un sueño colectivo se puede convertir en un hecho.
Nos enseñó como ninguno que la única verdad era la realidad y que mejor fue hacer.
Nos enseñó a mirarnos a los ojos y volver a confiar en el otro.
Nos enseñó Táctica, Estrategia y Picardía.
Nos enseñó política y quebró a los ideales.
Nos devolvió la comprensión de jurar con gloria morir.
Nos devolvió estas putas lágrimas por un tipo al que nunca tuvimos al lado.
Nos devolvió este tonto frío de invierno.
Nos devolvió la certeza de que no nos han vencido, NUNCA.
Nos devolvió esas piernas cansadas al costado del Congreso defendiendo lo más lindo que tuvimos: la lucha.
Nos devolvió un salto de fé y una caída de campeones.
Nos levantó a cococho como un tío copado y nos mostró que a lo lejos se veía todo esto tan lindo.
Nos cruzó la calle, de la mano y dejando que la próxima, la crucemos nosotros solitos.
Nos abrazó a todos juntos cerrando los ojos y mostrando los dientes en una sonrisita como de vergüenza, con ese cortecito en la frente después de caminar desde el pueblo al pueblo.
Nos hizo saltar al lado de la tele viendo una votación a las 12 de la noche.
Nos dejó el pecho prendido fuego.
Nos dejó la transgresión y el atrevimiento.
Nos dejó caminar para que veamos cómo mierda era eso de tropezar y seguir, tropezar y seguir, tropezar y seguir, tropezar Y SIEMPRE SEGUIR.
Nos enseñó que una tormenta en algún momento para y que después el agua que cayó te regó todo el suelo.
Nos dejó la seguridad de que cuando el tipo aparecía, todos respirabamos aliviados.
Nos dejó a la Bella Señora y a nosotros haciéndole un regalo sorpresa todos los días.
Nos dejó la pasión y la pasión y la pasión.
Nos desarmó y nos desnudó como nadie nunca lo hizo, ni un amor de hembra.
Nos quebró la vida en dos, antes de él y desde él.
Nos dejó a un 27 de Octubre, PARA SIEMPRE.
Nos dejó a nosotros con nosotros, CARAJO!
Nos dejó el orgullo.
Nos dejó una palmada en la espalda.
Nos dejó hermanos en cada barrio.
Nos devolvió el orgullo de ser negros y pueblo.
Nos dejó la plaza, las plazas, las calles, las banderas, las marchas, las contramarchas, las zapatillas, el dolor de gamba, la pepsi de mano en mano, la campera cuando hace frío, las tacuaras y los trapos hechos a mano.
Nos dejó saber sobre todas las leyes.
Nos dejó la política lista a estrenar.
Nos dejó la luz prendida de casa para cuando volvamos.
Nos dejó la K.

Nos contuvo.
Nos besó.
Nos amó.
Nos miró a los ojos.
Nos despeinó la nuca con una mano de padre cuando hicimos las cosas medio mal.
Nos rompió el cassette.
Nos invitó a hacer patria.
Nos invitó a la casa grande de todos los argentinos.
Nos invitó a vivir para después morir y seguir viviendo.
Nos dijo por dónde venía la mano.
Nos inventó en soldados.
Nos dejó al mito.
Nos dejó estas ganas desesperadas de ir a la plaza y verte ahí y abrazarnos ahí y llorar ahí juntos y para siempre.
Nos dejó este asunto ahora y para siempre, en nuestras manos.
Nos dejó a los nervios de punta.
Nos dejó a miles y miles y miles y miles y miles de militantes que desde hoy, hoy miércoles van a salir a patear con nosotros.
Nos dejó este nudo en la garganta que no te lo desata ni un grito.
Me dejó a toda mi familia y mis amigos dandome la noticia con miedo y cuidado, tocandome el timbre, llamandome, mandandome mensajes, mails.
Nos dejó una pena enorme!

Nos debe.
Nos debe el conocer cómo hubiera sido todo.
Nos debe un pedazo de historia más grande todavía.
Nos debe el 2011.
Nos debe la evolución.
Nos debe un saludo desde el balcón.
Nos debe decirnos "QUÉDENSE EN LA PLAZA."

Le debemos.
Le debemos un abrazo enorme a su hermosa Mujer.
Le debemos respeto por cada lucha perdida y por cada lucha ganada.
Le debemos risas porque lo queríamos tanto!
Le debemos ser soldados para siempre.
Le debemos mil revoluciones más.
Le debemos ir a la plaza y hacer que su voz sean nuestros cuerpitos juntos y abrazados.
Nos tenemos.
Tenemos que seguir con la guardia alta y el reflejo atento.
Tenemos que seguir caminando paso a paso todas las veredas del mundo.
Tenemos que mirarnos más y escucharnos como nunca.
Tenemos que ser millones de Néstor en todas las casas.
Tenemos que resistir mucho más que antes.
Tenemos que pararnos en puntas de pie.
Tenemos que abrazarnos a la vida que nos queda y a las páginas blancas de un libro de historia que él nos dejó para que escribamos nosotros.

Viva.


Viva Néstor Carlos Kirchner.

Viva Néstor porque no se fue a ningún lado.

Viva Néstor porque nos dejó prendido todo ese gran fuego y esas millones de fogatas que van a iluminarnos el camino duro, jodido, lleno de piedras que tendremos que inevitablemente recorrer.

Viva Néstor por haber pensado por nosotros, ejecutado por nosotros y muerto por nosotros.

Viva Néstor por haber sido nuestro viejo durante tanto tiempo.

Viva Néstor por habernos dejado listos.

Viva Néstor por haberse convertido en eterno.

Viva Néstor por toda su recién estrenada inmortalidad.

Viva Néstor porque a Néstor se lo VIVÍA.

Viva toda la vida de Néstor y toda la vida que nos sopló al oído cuando llegó todo desarreglado, flaco y alto, bizco, feo, torpe y hablando mal.

Viva Néstor por la revolución de los negros.

Viva Néstor por la revolución de los feos.

Viva Néstor por la revolución de los sucios.

Viva Néstor por la revolución del subsuelo.

Viva Néstor por la revolución de la evolución.

Viva Néstor por desazonsarnos.

Viva Néstor y Néstor vive.